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Color ojo de hormiga > Francisco Pomares

Vale: ya no es cosa de cuatro loquitos y un par de académicos keynesianos aburridos de predicar en el foro liberal… Coincidiendo con la advertencia de que España entra en una grave crisis de solvencia, la directora del Fondo Monetario Internacional, ha puesto por fin las cosas en su sitio. Christine Lagarde ha sido muy clara: si no aumenta el crecimiento (y no hay visos de que eso vaya a ocurrir porque no hay políticas públicas que lo empujen), esto se puede parecer bastante en los próximos meses a una hecatombe general. Ya no se trata de salvar solo un país o una región: “se trata de salvar al mundo de una espiral económica descendente. Se trata de evitar un momento como el de la década de 1930, en que la inacción, la insularidad y la rigidez ideológica se combinaron y provocaron el derrumbe de la demanda global”.

La señora Lagarde ha pedido que quienes pueden hacerlo -Alemania, por ejemplo- gasten más, que se articulen cortafuegos más potentes contra la especulación de la deuda y que Europa avance hacia una mayor integración fiscal. Sin la aplicación de esa triple receta, que unos pocos llevan recomendando desde el inicio de la crisis, esto no lo salva ya nadie.

Durante los últimos cuatro años, hemos escuchado a todas horas que la única solución era el ajuste salvaje y la contención del gasto. Y mientras lo escuchábamos, han pasado esos cuatro años con los Gobiernos gastando lo mismo (o más), aumentando el déficit y saqueando las economías privadas para afrontar la crisis de la deuda. Ahora ya es un poco tarde para hacer la tarea de otra manera.

A algunos, España entre ellos, les toca parar la sangría de su propio déficit y asumir que los próximos van a ser años de desesperación y sufrimiento. El diagnóstico del Banco de España, publicado ayer, es demoledor.

Dos años después de pasar por la crisis más dura de nuestra historia reciente, la economía española vuelve a meterse de cabeza en una nueva y profunda recesión, con un retroceso del PIB -comenzado ya en el último trimestre de 2011- que rondará el punto y medio este año, y que probablemente se arrastrará hasta el 2013, donde los optimistas auguran un crecimiento anoréxico, del 0,2 por ciento. Un crecimiento que no servirá siquiera para recuperar una parte importante del más de medio millón de nuevos puestos de trabajo que van a perderse en los próximos meses. Este es el panorama.