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Confianza > Francisco Pomares

El Indicador de Confianza Empresarial se ha desplomado en España catorce puntos en el último trimestre, la caída más salvaje desde que se puso en marcha este sistema demoscópico para medir e interpretar la confianza empresarial. Algún portavoz de los empresarios ha dicho que este retroceso ocurre como resultado de la incertidumbre política y económica que se ha vivido en España en estos meses, con el cambio de gobierno y con las medidas de ajuste. Pudiera ser, aunque lo razonable habría sido esperar del cambio de gobierno una cierta satisfacción empresarial. Cuando se midieron los datos de confianza, Rajoy no había subido aún los impuestos (de hecho, había prometido hacer justo lo contrario), y el déficit esperable seguía rondando el seis por ciento. Lo lógico habría sido que la victoria de un partido comprometido como el PP con la reforma laboral, el control del gasto público y la reducción (ejem) de la presión fiscal, hubiera proporcionado algo de optimismo, ya que no de entusiasmo, en las filas empresariales. No ocurrió así. ¿Por qué?

Se me ocurre que esa impresión general sobre los empresarios españoles que los identifica con las ideas, reflexiones y propuestas de la patronal, quizá no responda demasiado fielmente a la realidad. Nueve de cada diez empresarios españoles son fuerza laboral en sus empresas, en las que la media de empleados no supera los cinco contratados. Probablemente a la mayoría de ellos les preocupa mucho menos la reforma laboral (o el control del gasto público) que la recuperación económica y la continuidad de su trabajo. Como le ocurre a la mayoría de los españoles. El PP se llenó la boca en la campaña hablando de luchar contra el paro y crear empleo, pero casi todo el mundo -incluso quienes votaron con entusiasmo al PP- sabían ya en este final de año 2011 que el 2012 –después de cuatro años de crisis- va a ser el año más horrible de nuestras vidas. En esa tesitura, esperar confianza es esperar demasiado. Y una hora menos en Canarias: aquí estamos más cerca de la salida de la crisis, y los indicadores turísticos aseguran que esta región sigue teniendo un futuro prometedor. O al menos eso nos dice el presidente Rivero todos los días. Pero la confianza ha caído casi dieciocho puntos, tres y pico por encima de la media española. Se trata de una tradición más nuestra que el gofio en el potaje. Si en algo -en cualquier cosa- podemos estar peor que la media, seguro que lo estamos.