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El naufragio > Jorge Bethencourt

El personal de este Costa Discordia, embarrancado en los arrecifes de la gran crisis del siglo XXI, está desconcertado. Con cinco millones de ahogados, con cuarenta millones de pasajeros a punto de saltar al agua sin chalecos salvavidas, el agua sigue entrando por los agujeros de un casco que parece no tener reparación posible.

Los que pensaban que Mariano Rajoy iba a practicar políticas liberales se han quedado colgados del guindo, que por ahora pinta menos que el Montoro. La subida del IRPF, a contrapelo de todo un discurso estructural (subir impuestos no ayuda a crear riqueza, empobrece a la sociedad civil y perjudica el crecimiento) parece sólo el primer plato al que podría seguir una nueva subida del IVA. O lo que es lo mismo, lejos de reducir el lastre de esta gigantesca nave zozobrada -los gastos corrientes de una administración pública elefantiásica- el nuevo Gobierno sigue en la propuesta de exprimir aún más a los contribuyentes para mantenerla a flote.

El apoyo de Rajoy a la implantación en Europa de una tasa -¿tasa por qué? será impuesto- a las transacciones financieras, la denominada Tasa Tobin, es otra muestra de que los gobiernos están a la caza y captura de más y más recursos destinados a pagar los intereses de sus deudas y los costes operativos de la administración. Los miles de millones que se recaudarían cada año vendrán muy bien para las arcas nacionales. Aunque el pequeño detalle es que al final la tasa terminará repercutiendo sobre los usuarios de la banca, la parte más débil de la cadena alimenticia de la economía.

En España, desde el comienzo de la debacle financiera, han cerrado decenas de miles de empresas, se han perdido millones de puestos de trabajo y han caído en la pobreza y la exclusión social cientos de miles de familias. Ese tipo de devastadoras consecuencias no se van a encontrar en una gestión pública que ha digerido el descenso de la recaudación eliminando inversiones, pero sin padecer ninguna de las dramáticas consecuencias que han estragado a los que no tienen asegurados ni sus ingresos, ni sus ventas, ni sus puestos de trabajo.

Los partidos políticos tienen un miedo atroz al conflicto con el poder e la burocracia. Y como las citas con el dentista, van aplazando una y otra vez enfrentarse a la realidad. Por muchos pasajeros que tiren por la borda, el barco se hunde. Es demasiado grande y ha entrado demasiada agua.

Twitter @JLBethencourt