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El subdelegado > Miguel L. Tejera Jordán

El nuevo subdelegado del Gobierno para la provincia de Santa Cruz de Tenerife ya ha tomado posesión de su cargo. Y me alegro. De todo corazón. No solo por lo que ha dicho Guillermo Díaz Guerra en el acto, rodeado de la flor y nata de la clase política tinerfeña y canaria, sino porque, conociendo a Guerra, sé que tratará de hacer lo que piensa con la máxima seriedad y que no escatimará ningún esfuerzo para conseguir el objetivo de consenso al que apeló para combatir las nefastas consecuencias de la crisis económica y su rostro más amargo: el desempleo. Conozco a Guillermo personalmente. Le conocí como ciudadano normal y corriente y como concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz. Y me consta que es un personaje de talante abierto que despertará sintonías entre todos los políticos de esta provincia occidental y entre todos los sectores económicos y sociales, sin privilegiar a ninguno de ellos. He caminado a su lado por el parque, mientras hacía deporte por el interior del García Sanabria y le he visto trabajar en la redacción de la primera ordenanza municipal seria sobre la tenencia de animales peligrosos que se elaboró a nivel municipal. Y cuyo espíritu sigue siendo a día de hoy el que le imprimió el entonces concejal de Sanidad y de Medio Ambiente durante el tiempo en que ejerció esta responsabilidad en la capital.

Guillermo es un hombre dialogante, al que gusta reflexionar en voz alta sobre todo aquello que se mueve a su alrededor. Creo que acierta en sus juicios más de las veces que pueda errar. Le considero un hombre joven, con la azotea bien amueblada y con una excepcional fuerza dialéctica y unas dotes igualmente notables de capacidad de convicción. Le auguro un mandato difícil, porque la política no es ahora mismo un camino de rosas, sobre todo para la gente honrada.

Y estoy absolutamente persuadido de que ejercerá con nobleza la autoridad de que ha quedado investido. No tengo preocupación alguna porque sienta la más mínima tentación de recortar derechos ni libertades ciudadanas. No será un subdelegado cancerbero de nadie. Y seguro que peleará con ahínco para que la calle sea un espacio de todos, para que todos podamos utilizarla como escenario de cualquier reivindicación legítima. Sabrá usar correctamente el no siempre fácil equilibrio entre libertades ciudadanas y recorte de derechos. No le veo prohibiendo, sino conversando. No le contemplo reprimiendo, sino administrando. Y algo cierto: trabajará cada minuto por la seguridad. Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía pueden considerarse de enhorabuena. Guillermo les alentará cada minuto para que cumplan con su obligación dentro de la ley.

Me interesa resaltar del nuevo subdelegado que no será un mero funcionario encargado de coordinar la poca administración periférica del Estado que pueda quedar por estos lares.

No se quedará Guillermo en un despacho oficial dejando pasar las horas sin hacer nada. Aunque no se lo pidan, ofrecerá pegamento para empatar causas. Él mismo así lo ha destacado con una de las frases más llamativas de sus palabras: “Ahora sobran los discursos y debemos pasar a la acción”.

Felicidades Guillermo. Felicidades, señor subdelegado. Y, ahora, como usted ha dicho, a trabajar.