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El vértigo > Jorge Bethencourt

¿Qué pasa aquí? ¿Soy sólo yo el que siente el vértigo? ¿El que piensa que nos estamos deslizando ya de forma imparable por una peligrosa pendiente que nos conduce a ninguna parte? Paso las páginas de la actualidad, esa máquina trituradora, esa sucesión de fotogramas de una película surrealista, con el escalofrío de quien siente un presagio.

No son las denuncias de corrupción que se arrojan sobre el ventilador de papel de la prensa para que salpiquen la sociedad con una lluvia inacabable de alcaldes, ministros, presidentes… de trajes, de latas de caviar, de gasolineras, de bolsos de marca, de financiaciones de partidos, de indultos vergonzantes… un piélago cochambroso de acusaciones e insultos donde se mezclan verdades y mentiras, ética y legalidad, porque no existe mejor refugio para los culpables que extender la convicción de que todos lo somos.

No es ver a jueces mediáticos, que hoy son políticos y mañana magistrados, sentados en un banquillo y juzgados en TV, celebrando con todos los suyos la descalificación de la propia Justicia, exponiendo las fibias y las fobias de las togas, cuyos intestinos ideológicos y tendencias grupales se exhiben ya sin ningún recato en el reality show celtibérico.

No es ver cómo la monarquía, sobre la que se asentó el cimiento de la transición de la jefatura de un Estado dictatorial a uno de derecho, se resquebraja por las actividades empresariales de un compañero de viaje o la venta mediática del pasado privado de la que será, si nada lo impide, la futura reina de España.
No es nada de todo esto. Es todo junto. Es el vértigo de pensar que tal vez, como esos niños que movidos por la curiosidad destripan un juguete y terminan rompiéndolo, estamos destruyendo algo sin que al mismo tiempo construyamos algo. Cuando, después de los siete años de la dictadura de Primo de Rivera, cayó la monarquía en 1931, Ortega había escrito que se estaba despertando “la razón indignada” de España. Ciudadanos indignados por un sentimiento de rechazo a “la indecencia nacional”, a la oligarquía política, a las promesas incumplidas, a la modorra moral en la que estaba hundido el país (Juan Pablo Fusi). No sé si les suena esta música. A mi sí. Ha pasado un siglo. Estamos en la gran Europa de la gran crisis. La era de la nube digital y las peras en vinagre. Y esta democracia tal vez sea una mierda.

Pero hay cosas peores.

Twitter@JLBethencourt