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Encantado de matar > Jorge Bethencourt

El tipo se llama Kyle. Chris Kyle. Y es un héroe norteamericano. Ese país maravilloso que defiende ferozmente la libertad dentro de sus fronteras, pero que se siente concernido por todo lo que pasa en el mundo y considera el resto de países como una extensión de sus intereses.

Entre 2003 y 2009, en Irak, el soldado Kyle mató unas 255 personas con su rifle de francotirador. Se le considera una leyenda. Así le llamaban sus compañeros de fatigas militares: leyenda. Y sus enemigos, el demonio de Ramadi. Su primera víctima fue una mujer que portaba una bomba con la que quería volar el mayor número posible de norteamericanos. La abatió de un disparo. Como no está acostumbrado a los paralelismos históricos, nunca pensó que aquella mujer, bien mirado, hacía casi lo mismo que los tatarabuelos Peregrinos de Kyle, los descendientes de Myflower, que se enfrentaron a los ingleses por la libertad de su tierra. Pero no hay que llegar tan lejos. La vida no es tan complicada. Kyle, que comenzó a disparar con un rifle cuando tenía siete años, afronta su pasado militar con un enorme pragmatismo. Reconoce que las primeras muertes cuestan un poco. Pero luego le coges el tranquillo. “Después de matar a tu enemigo te das cuenta que está bien. Y dices genial. Y lo haces una y otra vez”, asegura.

Lejos del estrés postraumático, tan lejos como una lejana galaxia de la Tierra, Kyle dice que le encantaba lo que hacía. “Si mi familia no me necesitara, volvería sin pensarlo. Ni miento ni exagero al decir que era divertido. Me lo pasé en grande”. Los horrores de una guerra han sido retratados en películas y libros de diferente factura, pero jamás he sentido tanto frío, tanto terror, como con las inocentes palabras de un tipo jovial, entrañable y familiar, encantado de haber apiolado a casi un cuarto de millar de personas. “Debería haber matado más. El mundo sería mejor sin salvajes que matan norteamericanos”. Seguramente. Y mucho mejor si los ejércitos de un país no invadiesen otros países. Si los locos pobres dejaran de inmolarse con bombas porque carecen de los portaaviones de los ricos. El mundo estaría mucho mejor si la gente como Kyle nunca hubiera dejado a su familia. Tal vez estaría definitivamente mejor si ese simio loco que usa pañuelo, como decía Wilde, no hubiese terminado en la cima de la pirámide evolutiva escribiendo con ríos sangre los torcidos renglones de la historia.

Twitter@JLBethencourt