la columna > Manuel Iglesias

Entre la irritación y la hipocresía > Manuel Iglesias

Los acuerdos del Consejo de Ministros, como el de subir los impuestos, están produciendo un buen número de críticas, incluso entre los propios simpatizantes del PP, que de alguna manera se siente “engañados” por una decisión que no esperaban de un Ejecutivo de estas características.
Hay quien recuerda imágenes como la del líder del PP canario y hoy ministro José Manuel Soria, en la televisión, mostrando ambas palmas de la mano como en una balanza, para explicar, por un método de acción y reacción, como el bajar impuestos iba a revitalizar la economía e impulsarnos para salir de la crisis. Y decía que aumentarlos era un error.
Pero ha llegado la subida de impuestos y que unos van a notar en sus nóminas a fin de mes y prácticamente casi todos en la declaración de la renta. Porque a lo que toque ahora pagar de más, sean cien euros, trescientos o seiscientos, se suma negativamente la desaparición ya establecida de la deducción de de los cuatrocientos euros que se bonificaban antes.
Y dentro de este contexto, lo de los jubilados, lo de subir el uno por ciento las pensiones en un consejo, y aumentar en el siguiente lo que tiene que pagar de impuestos una parte importante de ellos, es casi de juego de triles político… ¡La bolita!, ¡la bolita!, ¿dónde está la bolita?…
Pero siendo esto desagradable, también lo es la hipocresía general con que ahora una gran parte de tertulianos y de la opinión pública y publicada se rasga las vestiduras. ¿No se sabía que el PP en el Gobierno iba a imponer medidas duras? ¿No fue por eso, porque iba a acometer un reajuste que se consideraba necesario, por lo que una mayoría de votantes le dieron su confianza y, además, un control completo en el Congreso de los Diputados, para que no tuvieran obstáculo alguno en esa tarea con la que estaban de acuerdo? No es justo asombrarnos como si no supiéramos que algo así iban a hacer y, es más, que muchos pedían.
Actualmente, uno de los temas de conversación recurrente es que en marzo, cuando se presenten los Presupuestos Generales del Estado, llegarán más restricciones de numeroso tipo. ¿Vamos entonces a reaccionar también con sorpresa, como si nos cayera de nuevas?
Tal vez es que probablemente los ajustes y recortes los vemos bien y necesarios cuando hablamos de otros y creemos que a nosotros, si nos toca, va a ser de refilón. El asombro se plantea como en los accidentes, con lo de que “eso no me puede pasar a mí”. Pero al observar que el cachetón viene directamente, entonces es cuando montamos en ira. Que peguen duro, sí, pero que les peguen a otros.
Y el anuncio del aumento impositivo se ha acompañado de esa declaración de notable memez, de que es una medida temporal. Pues claro. Todo los impuestos son temporales y desde antes de Nabucodonosor, se ponen y se eliminan según la voluntad del que manda.
Se quitarán… O no. Como gusta decir Rajoy.