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Fraga: ¿fascista o demócrata? > Juan Henríquez

Tengo varias preguntas sin respuesta. Primera: ¿hubiera podido Fraga Iribarne, de habérselo propuesto, impedir el cambio del régimen franquista por el democrático? Segunda: ¿tenía Fraga Iribarne el suficiente poder, sobre todo en las Fuerzas Armadas, como para evitar que Juan Carlos I, entonces Príncipe de España, se convirtiera en Rey? Tercera, y última: ¿se declaró en algún momento Fraga Iribarne, durante su etapa franquista, demócrata o monárquico? Mucho me temo que estamos ante los secretos mejor guardados de la derecha franquista, porque, sencillamente, no interesa desvelar las respuestas por las connotaciones que tendrían sobre el curriculo político de Fraga. A pesar de lo dicho, a un servidor se le plantea un dilema: ¿es posible reconocer algo positivo de un colaborador fascista que termina aceptando la libertad y la democracia? Responderé con sinceridad: Sí. Antes de argumentar mi afirmación, diré algo incontestable: Manuel Fraga fue militante del régimen fascista y leal a Franco. Pero, no es menos cierto, que aunque no tengo la menor duda de que aspiró a representar la continuidad reciclada del fascismo franquista, decidió aceptar y participar activamente, en el inevitable proceso del nuevo régimen que reconocería una Monarquía parlamentaria, en un Estado social y democrático de Derecho, en el que la libertad, justicia, igualdad y el pluralismo político, serían sus máximos valores, y para mí, algo tan deseado por los demócratas: la soberanía nacional reside en el pueblo español.

Corredor de fondo, ambicioso, pretencioso y autoritario, Manuel Fraga se convierte en el líder conservador de la derecha española, que arrastra consigo, y hete aquí algo que hay que valorar positivamente, a toda la derecha reaccionaria y falangista que queda así controlada por AP, que lidera el propio Fraga; incluso, me atrevería a respaldar la tesis de que fue el liderazgo fraguista el que abortó el proyecto político de Fuerza Nueva, capitaneado por Blas Piñar. Ahora bien, los argumentos conviene situarlos en sus justos términos. Porque una cosa es reconocer la colaboración de Manuel Fraga en el dictamen de la Carta Magna, en la que intentó resguardar los privilegios de un franquismo agónico y de una Iglesia católica reacia a perder cotas de poder, y algo bien distinto, es subirle al pedestal de la defensa por la libertad.

A ese hipócrita discurso no estoy dispuesto a sumarme. Y por supuesto que entiendo el dolor de la familia y de la derecha política española ante una pérdida tan significativa para ellos, pero reconozco que la muerte de Manuel Fraga no ha cambiado para nada mi estado anímico respecto al que tenía sobre la figura del político franquista transmutado a demócrata.

Por último señalar algo relevante. Pienso que tras la muerte de Manuel Fraga Iribarne, puede, y lo dejo en la duda, que haya desaparecido el gran obstáculo para que el Partido Popular, y ahora el propio presidente del Gobierno español, condenen públicamente la dictadura franquista. Si de verdad están con la libertad y la democracia: ¡atrévanse!

juanguanche@telefonica