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Juan Mazuelas > Luis Ortega

Empeñado en plasmar y diferenciar la dimensión continental que caracteriza a Tenerife -una suerte de magia que atrapa a propios y extraños- Juan Mazuelas presenta en el Parlamento de Canarias sus últimos trabajos, frutos de una madurez activa que, frente a la conformidad de los logros, plantea continuas alternativas para traducir la realidad no sólo como se ve sino, sobre todo, como se siente. La selecta elección de los temas, resultado de un exhaustivo conocimiento de la geografía y de sus respuestas a las cuatro estaciones, no limita la emoción y la expresión que marca su estilo particular: un postimpresionismo de sello propio, con una aplicación compacta de la materia en pinceladas vivas, distinguibles pero, a la vez, extendidas con magistral seguridad, con cuidados y sólidos encuadres y delicadas y eficaces veladuras que, a modo de fanal, envuelven un valle profundo e imponente que, a la par que se desploma grave y solemne, descubre un territorio virgen donde son familiares la luz implacable o tamizada y la vegetación silvestre; un espacio de entrañable intimidad que emite mensajes personales para cada espectador; un interminable llano sin caminos, un acantilado en la salvaje colonización del mar revuelto, liberado de los cauces determinantes del movimiento original y con una visión y un compromiso subjetivo con la naturaleza elegida. El arte tiene como asignatura pendiente corresponder, con calidad y dignidad, a las exigencias de la vida y, en el caso que nos ocupa, el incansable empírico que no se conforma con los primeros hallazgos, ha llegado a un puerto que le asegura el éxito, que supera las exigencias técnicas o conceptuales que pueda demandar el crítico más incordio- todos lo son -y aportar, con honradez y satisfacción, propuestas para mantener una nueva relación con la naturaleza, una interesada relación que nos permita conservar las maravillas al alcance de la vista y de la mano. La función del paisajista actual-y Mazuelas ha superado con alta calificación todas las condiciones para alcanzar ese título con mayúsculas- implica un voto casi religioso con los ámbitos que trata, en cuanto los traduce y transforma para acercarlos a quienes sepan y quieran mirar, en rechazar las imitaciones y marcar las diferencias. Nuestro amigo ha hecho eso, nada más y nada menos, y quienes hemos seguido de cerca su carrera podemos valorar con alegría su contribución esperada, luminosa y necesaria al arte isleño de este nuevo siglo.