La figura del general Benavides > Ricardo Melchior Navarro

La relación de Canarias con América ha estado indudablemente marcada, a través de los siglos, por la presencia de numerosos isleños que, movidos por circunstancias de una u otra índole, hubieron de cruzar ese océano que más que separarnos nos acerca a un continente que todos apreciamos como nuestro. Cada uno de ellos dejó su impronta, da igual si limitada a un ámbito más reducido o ciertamente merecedora de una trascendencia singular. Lo importante es que su papel ha sido históricamente concluyente.

Recientemente hemos homenajeado a uno de esos isleños que contribuyeron a establecer los lazos sólidos que aún nos vinculan a América. Antonio de Benavides Bazán y Molina dedicó más de tres decenios de su larga y productiva vida a desempeñar tareas de gran responsabilidad en determinados puestos, siempre ligados a su condición de militar brillante y de probada eficiencia.

De hecho, desde La Matanza, el pueblo norteño en el que vio la luz, emprendió una trayectoria que le llevó en primera instancia a destacar combatiendo junto a Felipe V en la Guerra de Sucesión para, posteriormente, pasar ya al continente americano. Como capitán general permaneció destinado en La Florida, Veracruz y Yucatán, en donde su desempeño fue tan sobresaliente que el propio rey le encomendó permanecer en sus cargos durante mucho más tiempo que el habitual.

Ello, sin duda, nos habla de una evidente confianza por parte del monarca, nacida posiblemente cuando el ilustre militar tinerfeño le salvó la vida en una batalla. Pero también fundamentada de seguro en la eficaz tarea desarrollada por Benavides en tan importantes cargos a favor de la corona y la administración imperial.

En todo caso, como buen isleño, la tierra le llamaba y, así, cuando regresa a la Península comienza los trámites para dirigirse a Tenerife, a aquella isla de la que había partido largo tiempo atrás y que, sin duda, llevaba en su corazón. Aquí permaneció hasta el final de sus días, concretamente en el Hospital Nuestra Señora de los Desamparados, donde, fiel a la sobriedad militar, no quiso recibir ningún privilegio con respecto a los restantes vecinos allí acogidos por causa de sus dolencias.

Los actos celebrados el pasado lunes, doscientos cincuenta años después de que se despidiera de este mundo, nos han permitido recordar a Benavides y ensalzar su figura de hombre de bien, militar avezado y tinerfeño eminente. Y para ello ha resultado trascendental el apoyo del jefe del Mando de Canarias, el teniente general César Muro, arropando la iniciativa de la Tertulia Amigos del 25 de Julio y de Emilio Abad, uno de sus miembros de honor, siempre sensibles con los hechos que tienen que ver con nuestra historia y sus más destacados protagonistas.

(*) Presidente del Cabildo de Tenerife