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La herida sigue abierta > Álvaro Díaz

No la cerrarán tan fácilmente. Un cambio de entrenador no es, en síntesis, algo más que quitar al director de la orquesta para poner a otro, al final, si los músicos son malos seguirán desafinando. La debacle deportiva acaecida en el seno del CD Tenerife en las últimas temporadas ha sido siempre parcheada con dos ‘tiritas’, una para curar los males de la dirección técnica -continuos cambios de entrenadores- y otra para tapar el inexistente patrón de identidad futbolística de un club -llegada de directores deportivos – al que le sobra aliento de una afición siempre entregada con sus colores pero falto de estilo y pasión desde la altas esferas. Ya no sólo es cuestión de que el balón entre o no en la portería contraria, es necesario más reflexión, ir más al fondo del pozo porque para salir del mismo es necesario encontrar los argumentos blanquiazules que un día nos llevaron a la gloria y de los que más nunca supimos o, simplemente, oscuros intereses llevaron al olvido. Al Tete sólo le queda un camino: encontrarse a sí mismo y mirar a los ojos a los nuestros. Aunque se cambie el rumbo y llegue el necesario ascenso -¡ojalá! la solución de futuro está en casa. Sólo así la herida se cicatrizará.