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La lección del bocadillo > Karl McLaughlin

Me enteré por los periódicos este fin de semana de una medida de austeridad adoptada por otro club de Segunda B, el Montañeros, que pidió a sus jugadores que llevaran sus propios bocadillos para el viaje por autocar a Cuenca, debido a la precaria situación que atraviesa actualmente.

Se me ocurre preguntar en voz alta si no habría que imponer un traslado forzoso a dicho equipo a algunos jugadores del CD Tenerife, aunque sea por un par de semanas sólo, para que se den cuenta de la suerte que tienen al cobrar tanto y, en demasiadas ocasiones esta temporada, dar tan poco a cambio. No tiene ningún mérito, al menos para mí, empatar en casa de un rival (el Vecindario) cuyo presupuesto es de risa si se compara con el del Tenerife y cuyos jugadores dieron toda una lección de coraje y pundonor ayer por la tarde.

El gol de los locales en el último segundo hizo justicia, privando al Tenerife de una victoria totalmente inmerecida, a tenor del juego desplegado por sus jugadores, con contadísimas excepciones.

De haber salido airoso de su no partido, gracias a una única jugada (el penalti del minuto 86) que hubiera hecho olvidar los múltiples defectos evidenciados por el equipo, algunos en el Tenerife estarían eufóricos hoy. Aun así, muchos dirán que es otro punto ganado fuera y que, a estas alturas de la temporada, lo importante es no perder.

Más importante, sin embargo, es no perder de vista la pobre imagen ofrecida durante gran parte, por no decir casi todo, del derbi regional.

A los aproximadamente 500 leales aficionados que pagaron, en plena cuesta de enero, por acompañar a sus ídolos blanquiazules a Gran Canaria, más de un jugador debería tener el detalle de devolverles el dinero o al menos ofrecer cambiar el producto.