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La Salve de los Mareantes > Benito Cabrera

Durante el siglo XVIII, los gremios de mareantes tuvieron una significativa importancia en la sociedad canaria. La fiesta más importante que celebraban se denominaba La Catacumba y está documentada en diversas fuentes. Nos ocuparemos de esa tradición -muy arraigada en Gran Canaria- con más detenimiento, aunque hoy haremos referencia a otra menos conocida, denominada La Salve de los Mareantes.

Según el diccionario de Felipe Pedrel, una salve es “una de las oraciones con que se saluda y ruega a la Virgen María / La composición musical compuesta sobre el texto de esta salutación”. Encontramos este tipo de composiciones religiosas y populares en muchos puntos de la España peninsular, como las de Castro Urdiales (Cantabria), en varios pueblos de Galicia, así como las abundantes Salves Rocieras de Andalucía. En Canarias son más frecuentes la Loas (o lobas), aunque sí encontramos una pequeña joya de este género. Nos referimos a la Salve de los Mareantes, que se cantaba a la Virgen de la Candelaria desde el siglo XVIII. La melodía y la letra de la misma fue publicada en la Biblioteca Musical Isleña, una interesante colección de diversos géneros canarios adaptados para piano. En el texto que acompaña la partitura podemos leer que el obispo de Cádiz, Fray Tomás del Valle, aprobó la interpretación de la misma en 1750 y se cantaba, al menos hasta mediados del siglo XX, en honor a la Patrona de Canarias.

La letra, anónima, es de algún autor culto que utilizó la sextilla como fórmula estrófica y hace alusión al Teide como una “pirámide de cristal”, metáfora que llamó la atención del periodista Luis Álvarez Cruz, que dedicó un artículo a esta salve en el periódico ABC del 31 de enero del año 1959.

Un ejemplo más de una poco conocida tradición canaria, que merece su estudio y recuperación.