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La semana de la ilusión > Luis Padilla

La sucesión de hechos es casi siempre la misma: derrota dolorosa, destitución fulminante del entrenador, coherente declaración de intenciones del nuevo técnico, mínima autocrítica de los futbolistas (acompañada de propósitos de enmienda del tipo “ahora todo es diferente”, “este míster sí tiene las ideas claras”, etc.), cambios en la rutina con entrenamientos más largos o dobles sesiones, elogios de los periodistas al recién llegado, apoyo del entorno social… y recuperación de la ilusión en muchos aficionados.

EL OPTIMISMO.
La llegada de García Tébar al Tenerife no ha roto con la dinámica habitual de los cambios de entrenador. Y aunque la experiencia me dice que sucede siempre lo mismo, durante estos días no puedo sujetar a mi vena optimista. Y me alimento de los tópicos para recuperar la fe en el ascenso de categoría. Eso sí, en este caso hay un elemento que fortalece mi ilusión: García Tébar es un perfecto desconocido en el fútbol de élite. Si la expresión no fuera peyorativa, podría decirse que es un don nadie, porque como futbolista estuvo lejos de la gloria y como técnico no ha pasado de la Segunda División B. Es un currante que conoce la mina pero jamás ha estado en el paraíso. Y por ello, el Tenerife no es para él una estación de paso, sino la meta. Y el mayor reto que ha afrontado en su ya larga trayectoria en los banquillos. Podrá equivocarse o verse superado por el entorno, pero va a poner todas sus ganas, sus conocimientos y su experiencia en devolver al Tenerife al fútbol profesional. Si fracasa será por incapacidad (suya o del equipo), no por desinterés.

EL REALISMO.
La experiencia también me dice que toda la ilusión generada a lo largo de una semana se puede diluir en noventa minutos. Y que el choque del domingo ante el Conquense no es un simple partido, sino un examen. Para el técnico, para los fichajes del mercado de invierno y para el entusiasmo de los aficionados. Y que para el Tenerife no sólo es necesario ganar, sino ofrecer señales de cambio. De cambio a mejor, obviamente. Así, se agradecería una pequeña revolución en el once, una gigantesca revolución en el capítulo de actitud, alguna variante táctica, un par de detalles estratégicos, un poco más de buen fútbol, un mucho más de ambición y hasta unos mensajes populistas en la sala de prensa. En definitiva, argumentos para creer que el relevo en la dirección técnica puede significar ese revulsivo que necesitan tanto el equipo como la afición. Sin embargo, un suspenso en este examen, un “más de lo mismo” en La Fuensanta, tendría efectos nocivos en la clasificación y, sobre todo, efectos devastadores en la ilusión.

PD:
en esta columna se ofrecen varios argumentos para ver por televisión el Conquense-Tenerife de mañana. Eso sí, caducan ese mismo domingo. Y las razones para ir al Heliodoro siete días después hay que encontrarlas en Cuenca.