... y no es broma >

Malalechitina > Conrado Flores

Si te fijas, cada vez se ve a más gente por ahí con cara de mala leche. Es una cara rara, difícil de explicar. Una especie de mezcla de expresiones tan variopintas como la que se pone al probar un yogur caducado, al ver un gato muerto en el arcén de una carretera y al comprobar que tu vecino se ha comprado un coche más caro y moderno que el tuyo. Seguro que te has fijado y has advertido esas caras no solo en la calle sino también en el supermercado, en la consulta del médico o al volante de tu coche.

Muchos pensábamos que era una enfermedad, pero científicos expertos de prestigiosas universidades extranjeras de nombre impronunciable han revelado que tiene una explicación bioquímica. Cuando esa furgoneta de reparto nos bloquea en un cruce y se planta sobre la cuadrícula de líneas amarillas mientras su conductor mira al frente con la vista perdida, nuestro cuerpo segrega malalechitina, una potente hormona que nos dispara la mala leche y que nos envía al cerebro impulsos homicidas. Debido a su potente poder estimulador del sistema nervioso, la malalechitina nos provoca efectos muy negativos como irritabilidad, nerviosismo, palpitaciones, sudoración, ansiedad y elevación de la presión sanguínea.

Además, según varios de estos investigadores con apellidos llenos de consonantes, dichos efectos solo se pueden contrarrestar utilizando la paciencia, la tolerancia, la humildad y el buen humor, virtudes cada vez más depreciadas en nuestra sociedad. El científico jefe del estudio, un señor rubio con una barba muy simpática y que responde al teléfono cuando lo llaman, ha podido contrastar tras numerosos viajes por el mundo que los niveles de malalechitina de los individuos son muy inferiores en sociedades y culturas en las que se vive con menores niveles de estrés.

De este modo, se te hayan colado en el mercado o no te hayan devuelto el saludo al entrar al ascensor, queda demostrado que la mejor manera de combatir estos efectos es con una buena sonrisa. Así que si vas por ahí con el ceño fruncido y cara de haber mordido un limón, empieza a tomarte tu única vida un poco a broma.

Y si cuela, cuela.