Después del paréntesis >

Medidas urgentes > Domingo-Luis Hernández

Un amigo (muy conocido en Tenerife, por cierto) que ahora trabaja en Galicia me lo reveló: “No dirá nada, no dará la cara; representa a la Galicia más ancestral y profunda”. No dice nada, no da la cara. Incluso cabría oponer a su actitud el talante de los políticos que recordamos con los pantalones arremangados y barro hasta las rodillas por no dejar sin respuestas a los ciudadanos en los momentos de tribulación. Eso ocurre, pero a mi amigo se le escapó oponer a semejante y proterva práctica una materia sustancial: actúa. Y los hombres son por sus acciones, como afirmaba mi abuela: “No digas tanto que en el hambre el decir no consuela”. De modo que ya es posible juzgar a don Mariano Rajoy por sus acciones.

Primera historia: Luis de Guindos. Se dirá que sabe mucho de economía, y no lo dudo. Pero que el que fuera jefe de Lehman Brothers en España y Portugal sea el Ministro que debe encauzar el desastre que en parte su empresa creo apunta a un lugar: el modelo que se ha dicho periclitado del liberalismo económico y que tanto entusiasma a la derecha y a la ultraderecha occidental. De donde cabe una pregunta: ¿sabe actuar Luis de Guindos de otro modo? Es decir, ¿en qué quedamos, en ajustar los entuertos (cual el Quijote soñó) o en justificar lo moral y éticamente injustificable?

Segunda historia: Ignacio Cosidó. El conocido portavoz de Interior del PP en el Congreso la pasada legislatura ha sido nombrado Director General de la Policía. Es conocido su ultranacionalismo español, su ideología conservadora y sus diatribas contra el Ministro del Interior don Alfredo Pérez Rubalcaba. Ese es el perfil que manifestó en su discurso de toma de posesión. Allí situó los retos de su cargo: el terrorismo (¿lo necesita él y lo que él representa?), por lo que repite un dictado central de la nueva cúpula de Interior: compromiso con las víctimas; segundo, el crimen organizado; tercero la seguridad; y cuarto, la inmigración ilegal. Esto último da que hablar. Primero porque en España andamos de retroceso al respecto y las cifras son contundentes. Segundo porque el señor Cosidó es dueño de una soberbia intervención en la Fundación FAES.

Ahí dijo (entre otras cosas a considerar) que “los inmigrantes musulmanes suponen un riesgo para nuestra democracia porque en sus costumbres e ideas traen a España un modelo de vida que presenta incompatibilidades serias”. ¿En las atribuciones del nuevo director general de la Policía está proponer nuevos guetos a fin de evitar el contacto con los malignos infieles para no sufrir contagios?, ¿considera, de otro modo, seriamente necesaria, como ejecutaron los amados Reyes Católicos, la conversión de los infieles so pena de expulsión del territorio?

La excusa (por demás conocida como maniobra de la ultraderecha occidental) es la yihad y el terrorismo islámico. Lo cual permite subrayar otra de las veladuras del discurso del director general de la Policía: “Compromiso con la verdad”. Que algún comentarista haya referido una velada alusión a lo que la ultraderecha de este país nombra “mentiras del 11-M”, nos pone los pelos de punta.

Tercera historia: el salario mínimo interprofesional se congela. ¿En beneficio de quién, del país que no soporta más gastos o de los sacrificados empresarios españoles? Eso subraya, además, un subterfugio largamente gestado en el periodo de oposición del PP: el partido amigo de los trabajadores…

Cuarta historia: las primeras medidas económicas del Gobierno. Con dos resultados fundamentales: subida de impuestos generalistas (como el IRPF, que ellos denunciaron durante la presidencia de Felipe González ante el Tribunal Constitucional) y congelación del salario a los funcionarios, a lo que acompaña la insustancial subida de las pensiones en un 1%. Lo uno vuelve sobre la ideología que arma las medidas; lo otro sobre quién paga la crisis. Porque congelar los salarios es reducir el sueldo, cual hizo en su momento José María Aznar.

¿Qué le hemos hecho a este Gobierno las clases medias de este país? ¿Somos nosotros los causantes de la crisis y no empresarios desaprensivos como los de Lehman Brothers?

El PP sostuvo por activa y por pasiva en la campaña electoral que no subiría los impuestos. Luego ha mentido. Más aún: doble mentira.

Quienes dan la cara en el Gobierno (que no Rajoy) se escudan en la misma falacia en la que se escudaron en la oposición: actúan por el desastre debido al Gobierno anterior y al 8% del déficit público que ellos no conocían. Y no es verdad. Estaba previsto, entre otras cosas por el incumplimiento del gasto de algunas de las comunidades autónomas gobernadas por el PP, como Valencia. Por cierto, el PP no se avino a pactar con el gobierno saliente un compromiso de ajuste presupuestario para las autonomías. Ahora sí lo impondrá.

¿Qué nos queda? ¿Más inventos? Más: reforma laboral, subida del IVA, flechazo al corazón de algunas prestaciones sociales (como a la Ley de Dependencia), ajustes en la enseñanza, ajustes en medicina con algún pago adicional de medicamentos, RTVE…

La pregunta: ¿siempre habrá detrás de esos recortes y actuaciones un gobierno inicuo que lanzó a España hasta el fondo de los abismos, como hubo una Elena para justificar la guerra de Troya?

Lo veremos.