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Mi vuelta a la COPE > José Carlos Alberto Pérez-Andreu

Mi amigo Juan Manuel García Ramos me dijo una vez que cuando tuviera dudas volviera a mis orígenes. Y mis orígenes profesionales están enraizados con las ondas hertzianas. Con una radio vocacional y pasional. Siempre subjetiva, pero plural. Si bien la cadena COPE no es la casa que me vio nacer (fue la desaparecida Antena 3 Radio, dirigida por Lito Mesa, allá por 1990), sí ha sido la que me forjó en esto del periodismo activo como profesión, durante más de diez años. Una empresa líder y sólida que jamás me ha insinuado ideología alguna, por mucho que la Conferencia Episcopal lidere su accionariado, o por más que digan que coincide con el Partido Popular en demasiados asuntos. Siempre con respeto, en esta casa me he sentido libre para opinar en un importante número de asuntos sobre los que otros callan.

Soy leal en la vida y como consecuencia en mi profesión. En mis ideas y con las personas que han estado conmigo y, arriesguémonos a decir, que no en los mejores momentos de la vida de uno. Por esto, y por su valía profesional, es por lo que intentaré contar con ellos cada tarde de 18.00 a 19.00, que es la franja horaria en la que se emite La Linterna. Antes hacía mención a la subjetividad porque creo que es la esencia misma del periodismo. La objetividad nunca ha existido en este oficio, y lo que es mejor, nunca existirá. ¿O quizás no es absolutamente subjetivo el elegir la noticia con la que abrimos un informativo o encabezamos la primera página de un periódico, por ejemplo este mismo? Opinar y sacar conclusiones será el marchamo que intentaré poner de manifiesto cada tarde.

Si vuelvo a la COPE es fundamentalmente por tres razones. La primera, porque lo deseo de verdad; la segunda, porque Juan Narbona, director de COPE Canarias, me ha dado la oportunidad. Y la tercera, porque uno tiene por cualquier esquina más amigos de los que se merece y le dan votos de confianza en un momento de auténtica sangría periodística. En lo que pronto se estudiará en los colegios como la revolución tecnológica, y cuyo núcleo no es otro que muchas nuevas formas de comunicarnos, la profesión periodística se está esquilmando de una manera cruel. Mundialmente, no se ha conseguido aún adaptar los medios de comunicación a esta nueva realidad. Entremedio, demasiadas empresas informativas y excesivos profesionales de la comunicación no paran de morder el polvo. Y si esto lo sumamos a la crisis que nos han traído los mercados, apaga y vámonos. Con esta reflexión, lo que intento decir es que malvivir del periodismo llega a ser hoy hasta un privilegio.

La cadena COPE en Canarias ha sido cuna y acomodo de muchísimos profesionales con espectaculares trayectorias periodísticas y con cuya presencia me gustaría contar.

En definitiva, lo que intentaré conducir es un tiempo de radio que se forje poco a poco, combinando el entretenimiento con la opinión y con muchísimas realidades que tenemos a dos pasos de donde vivimos y que apenas conocemos. Entretanto, y como siempre se despedía en sus programas mi querida Rocío Celis, que, por cierto, está más guapa que nunca: “Pásenlo bien, disfruten y háganme el favor de ser felices…”

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