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No todo es pedir > Leopoldo Fernández

Llevamos unos cuantos días oyendo a cualificados representantes políticos pedir al Gobierno central -o al Estado, como dicen algunos con falta de rigor- dinero y más dinero. El presidente Rivero lo demanda para la rehabilitación turística, el consejero Berriel para carreteras, el consejero González Ortíz para obras de infraestructura, la consejera de Sanidad para satisfacer “la deuda histórica”, y hasta Melchior, titular del Cabildo de Tenerife, se inventa una nueva “deuda histórica” con los tan traídos y llevados trenes de nunca acabar. No niego yo las razones que en el fondo puedan asistir a algunas solicitudes, pero tal y como están las cosas -y cómo se van a poner en el futuro- lo mejor sería atenerse a lo que razonablemente se puede conseguir. Cosa distinta es la reclamación de la media nacional de inversión pública, como obliga el REF, ya que se trata de una cuestión prioritaria, más aún cuando el presidente Rajoy se comprometió a cumplir “como Dios manda”. O sea, mejor que pedir y pedir, demandar de quienes están obligados a dar, que lo hagan con sentido de la justicia. Seguirían así las tasas aéreas rebajadas, las primas al transporte y la generación eléctrica, la quinta libertad y el Plan Renove para el turismo, junto a otras ayudas cabales en razón de nuestra insularidad, lejanía y problemas estructurales. Tanto como pedir, nuestras autoridades están obligadas a dar soluciones para no pocos asuntos pendientes, como las reformas estatutaria y electoral, la propuesta modernizadora del REF, la revisión del incumplido Pecan con la correspondiente puesta en marcha de las energías renovables paradas desde hace un lustro, el cierre del anillo insular, la llegada del gas natural, el desbroce de la maraña administrativa y de los problemas de planeamiento y urbanismo, la reducción del tamaño de la Administración y la aplicación de una política radical de recortes que ni por asomo se ha abordado, aunque el presidente Rivero parece muy complacido con lo realizado hasta ahora. Más valdría que su Gobierno cumpliera con la Ley de Medidas Urgentes de 2009, mirara hacia otras comunidades y tomara ejemplo de algunas, como Baleares, que ha reducido su Ejecutivo a siete consejeros y está acabando con coches oficiales, teléfonos móviles, empresas y fundaciones públicas, tarjetas de crédito, cargos de confianza, duplicidades y otros dispendios incompatibles con los tiempos que corren. En definitiva, no basta con pedir y pedir. Nadie sin sacrificios puede tocar a ninguna puerta; es preciso predicar con el ejemplo y contener gastos. Y, desde la austeridad, hacer más con menos. Para reclamar luego con mejores argumentos.