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Noche de Reyes > José David Santos

William Shakespeare escribió una de sus comedias como celebración de la Epifanía y que en España se conoce como Noche de Reyes. Lejos de sus dramas y perfiles psicológicos complejos, el Bardo creó un enredo divertido, lleno de tramas, en el que el romanticismo era la excusa para, principalmente, hacer reír.

Así, entre risas, es como muchos queremos vivir la celebración patria de los Reyes Magos. No sé si Mariano Rajoy conoce el modo en que el genio de Avon decidió participar de la fiesta, pero lo que es seguro es que no ha compartido su espíritu.

Sin duda, los anuncios del nuevo gobierno para atajar la crisis no invitan al optimismo. Y no es que no crea que esas acciones lleven a mejorar la economía -ni lo contrario tampoco, la verdad- pero lo que está claro es que no convocan al citado optimismo.

Entre que nos bajan a todos el sueldo, que es en definitiva lo que produce la subida del IRPF, y el mensaje de que estamos en medio de la tormenta perfecta es más que curioso cómo todo eso casi no ha tenido respuesta social.

Es como si nos diéramos por satisfechos, como si asumiéramos como mal necesario nuestro propio sacrificio. Y mientras la alegría por el cambio de gobierno, que es lo que impulsó el logro de la mayoría absoluta del Partido Popular, da paso a la realidad, la ecuación para salir de la crisis es exactamente la misma que hubiese aplicado cualquiera; esto es, recortes del gasto, subida de impuestos y una llamada, por supuesto, a que nos apretemos el cinturón, pero animándonos al consumo y a la emprendeduría, lo que posee mucho de contradictorio, la verdad.

Además, el momento elegido para ello es el más adecuado porque, no podemos negarlo, entre la Nochebuena y el día de Reyes, España está alienada, sumida en el consumismo radical – menos mal, dicen, para la economía-, y pocos se acuerdan ahora del IBI o están dispuestos a aceptar eso de que el déficit es más de lo esperado y que la cosa es grave, y que Europa está a punto de irse al garete, y que no va a haber agujeros en ese cinturón dichoso de tanto que habrá que apretárselo, y que la cuesta tiene una pendiente que será difícil de remontar.

Pero quizá el interrogante que más curiosidad y temor levanta en Moncloa es saber qué pasará el lunes 9 de enero, cuando todo el papel de regalo y los lazos de colores sean parte del remoto pasado.

Ahí, cuando todos despertemos y dejemos de reírnos con nuestras particulares noches de reyes, existe la esperanza de que alguien se dé cuenta de todo lo que ha ocurrido en las últimas semanas y se lo diga al resto. Entonces, igual, salimos del teatro, olvidamos la comedia y empezamos a escuchar el drama.

Shakespeare tiene un buen puñado.