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PSOE enrocado > Juan Henríquez

Desmedida autocomplacencia, demasiados balones fuera para evadir la quema. Así no es posible recuperar la identidad y la influencia social perdidas, de manera inequívoca, en el último proceso electoral del 20-N. Hablo del PSOE hermético y enrocado, solitario. La propia urgencia de la convocatoria del congreso para el próximo mes de febrero es una prueba que determina el interés del actual aparato del partido para que todo siga igual. Censurar la reflexión y la autocrítica internas es una clara muestra de oposición a los cambios estructurales (orgánicos, ideológicos y humanos) que exige la actual indefinición del PSOE.

Es verdad que cualquier afiliado está legitimado para acceder a la Secretaría General del PSOE, pero no es menos cierto que el partido ha sufrido una derrota histórica en las últimas elecciones generales y municipales, y, por consiguiente, los gestores de ese brutal batacazo político no deben estar al frente de la futura dirección que surja del congreso. Sencillamente digo que ni Rubalcaba ni Chacón están habilitados moralmente para encabezar la reformulación del Partido Socialista. Ambos han colaborado en tejer el poder fáctico que controla y determina la doctrina y praxis del partido en cada momento, expandiendo por todo el territorio español la guardia pretoriana que custodia la influencia y las decisiones del órgano federal.

Mi intención no es menoscabar el papel del militante o simpatizante socialista, pero no se hace justicia cuando la propia ponencia marco del XXXVIII Congreso reconoce que: “No es raro hoy escuchar a votantes socialistas afirmar que en tiempos de crisis económica es preferible que gobierne el PP”. No es exactamente así. Lo que piensa el votante socialista es que para hacer política de derechas está el PP, no el PSOE. ¡Aclarémonos! Una cosa es “el socialismo que encarna en sí el espíritu liberal más puro y amplio”, que decía Pablo Iglesias, y otra muy distinta este PSOE hipotecado y arrodillado ante los poderes económicos; y claro que ha cambiado la fontana de la economía, pero el PSOE sigue siguiendo la organización política de la clase trabajadora, ¿o no?

No obstante, y a pesar de la resistencia de la militancia, la ponencia marco propone la apertura del partido a la sociedad. A través de la agrupación virtual nace una nueva figura de afiliación: el afiliado directo. Parece evidente que el PSOE quiere aprovechar al máximo las redes de internet abriendo vías de participación, no sólo a los militantes y simpatizantes, sino a los ciudadanos y ciudadanas afines al ideal socialista. En definitiva, el Partido Socialista sabe que el éxito de las movilizaciones del 15-M partió de la convocatoria a través de esos medios.

De todas formas, abortada una posible rebelión de la militancia, encarrilada la elección del secretario general con el tándem Rubalcaba&Chacón, el poder fáctico del PSOE tiene garantizada la continuidad de la influencia y prebendas de las que vienen disfrutando hace más de tres décadas, y así es muy difícil generar ilusión y credibilidad. XXXVIII Congreso, escuchen: ¡desenróquense!

juanguanche@telefonica.net