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Rafael Guizar > Luis Ortega

Hijo de una familia numerosa y acomodada, despierto y aplicado en los estudios, demostró desde niño su vocación y fue el primer mitrado hispanoamericano canonizado por la Iglesia Católica y el santo número treinta de México, el país con mayor número de católicos del continente. Su elevación a los altares por Benedicto XVI, el 15 de octubre de 2006, cuando aún no llevaba dos años al frente de la Santa Sede, actuó como contrapeso a los escándalos sexuales y económicos desatados por las andanzas del padre Marcial Maciel, controvertido fundador de los Guerrilleros de Cristo, cuya memoria, ahora, está proscrita dentro de su propia orden. Frente al oscuro personaje y sus manejos, la diáfana biografía de monseñor Rafael Guízar y Valencia (1878-1938) es un referente para el cristianismo militante; estudió y fue ordenado en el seminario de Zamora y durante la Revolución Mexicana, burló la vigilancia de los bandos y disfrazado de vendedor ambulante auxilió física y espiritualmente a los heridos y moribundos y enterró a los muertos. Accedió por su inteligencia y decisión a distintos cargos, fue profesor, canónigo de la seo zamorana y esforzado misionero en Guatemala, Cuba, y el Sur de Estados Unidos, en 1919 fue designado Obispo de Veracruz y mantuvo duros enfrentamientos con la autoridad civil por defender la enseñanza religiosa que le valieron varios destierros. Diabético y con graves problemas circulatorios, mantuvo sus convicciones hasta su muerte ocurrida cuando contaba sesenta años y estaba confinado en Ciudad de México por orden del presidente Lázaro Cárdenas del Río. Trasladado su cadáver a Xalapas, en 1950, cuando se procedió a su exhumación, su cadáver apareció incorrupto y se trasladó a la catedral de esta localidad donde aún reposa. El carácter de este prelado fue muy valorado por Juan Pablo II, acaso porque le recordaba sus propias luchas con el poder político, que lo beatificó en 1995; el milagro que le dio el escalón de la santidad fue la invocación de una madre que, ante el diagnóstico de una malformación congénita del feto, invocó al padre Rafael y su hijo nació sano en el año 2002, según certificaron los peritos médicos. Defensor de la dignidad humana y predicador brillante, Maciel se aprovechó de su confianza y cercanía para acercarse al papa polaco y lanzar su congregación, ahora en vigilancia y entredicho por evidencias que hicieron actuar, con justo rigor, al actual pontífice.