... y no es broma >

Todos indignados > Conrado Flores

Estas últimas semanas solo se ha hablado de reyes. De los magos de oriente y del de España. Los primeros han sido noticia porque han cumplido con su misión de hacer realidad las ilusiones de los más pequeños, y el de España porque ha tenido que salir en la tele a recordarnos que la justicia es igual para todos. Y eso está bien porque a muchos de nosotros se nos había olvidado.

El 2011 fue el año del movimiento 15-M, o de los indignados. Esta iniciativa popular y pacífica, que muestra su rechazo hacia una sociedad deshumanizada y que se sustenta en un capitalismo salvaje que parece operar al margen de los ciudadanos, traspasó nuestras fronteras y se convirtió en un movimiento global. Pues han de saber que, como cualquier joven parado con título de postgrado, el rey de España también está indignado. O lo que es lo mismo, la indignación ha alcanzado su nivel más alto. La causa de esta indignación no es otra que los presuntamente oscuros negocios de un yerno hasta ahora ejemplar. Iñaki Urdangarin parecía el marido que toda madre quisiera para su hija: educado, alto, guapo, rubio y con los ojos azules. Nadie se acordaba ya de un decepcionante Jaime de Marichalar. La opinión pública lo molió a palos porque se separó de la infanta Elena y por un motivo aún más imperdonable: el hombre era feo. Sí, lo que oyen, porque a la hora de repartir collejas, en este país aún se tira al tonto y al feo.

En cambio, ahora los españoles están indignados porque existen sólidos indicios de que Urdangarin ha estado dedicando un puñado de horas a la semana a apropiarse de dinero ajeno, que es algo que aquí se lleva un montón pero que de momento sigue siendo ilegal. Y para que comprueben nuevamente que la indignación es ya un fenómeno universal, el duque de Palma ha manifestado sentirse indignado por el tratamiento que de su persona han hecho los medios de comunicación. Los estudiantes, los parados, los hipotecados, los comerciantes, los banqueros, el rey, Iñaki Urdangarin… Todos indignados.

No te extrañe si un día el duque de Palma se sienta a tu lado en una plaza y se pone a cantar canciones de Víctor Jara a la guitarra.