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Una derecha muy poco liberal > Francisco Pomares

Patronal y sindicatos lograron la noche del martes un principio de acuerdo en materia salarial que asume subidas máximas de medio punto en 2012 y de un 0,6 por ciento en los dos siguientes años. La patronal ha cedido más de lo que se esperaba, quizá porque sabe que en la recesión del 2012, las negociaciones empresa por empresa y convenio por convenio no van a alcanzar los máximos previstos en este acuerdo, convertidos así en una suerte de concesión formal a los sindicatos. Una suerte de declaración de intenciones.

Pero a pesar de que en la realidad resulte difícil alcanzar los límites previstos en el papel, el preacuerdo entre empresarios y sindicatos para tres años de moderación salarial es una buena noticia. Sobre todo cuando se espera un cierto rechazo patronal a la reforma del mercado laboral que plantea el Gobierno de Rajoy, según parece muy alejada de las iniciales pretensiones empresariales de un contrato único con despido penado con veinte días por año trabajado.

Lo que ha hecho la patronal, en definitiva, es asumir que el Gobierno de Rajoy no va a actuar como se esperaba: la subida progresiva del IRPF, y -sobre todo- las explicaciones en clave socialdemócrata ofrecidas para justificar esa subida, han colocado a la patronal y a los sectores más liberales del propio PP ante un Gobierno que ha optado por prácticas populistas, y que en Europa ya ha sido calificado -así lo definió la televisión pública francesa, por ejemplo- como “socialista de derechas”.

Se trata sin duda de un exceso de simplificación: aplicar una subida al IRPF para contener el déficit es más socialista que subir el IVA (que fue lo que hizo Zapatero), pero no convierte a este Gobierno precisamente en colorado. Lo que ocurre es que en tiempos de crisis los márgenes políticos de actuación que diferencian los comportamientos de derechas e izquierdas se limitan y comprimen.

Por eso es frecuente ver a Gobiernos que se definen como de izquierdas sacrificando sus políticas tradicionales para tranquilizar a los mercados -y a las autoridades económicas internacionales- mientras Gobiernos de derechas aplican fórmulas de recaudación en absoluto liberales, que critican en las campañas electorales. Al contrario de lo que suele creerse, las crisis desmovilizan a los agentes sociales, confunden las ideologías, y premian el pragmatismo. Pero con unos y con otros, al final es siempre la ciudadanía quien paga los platos rotos.