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Una pasada por la izquierda > Leopoldo Fernández

A medida que se acerca el 3 de febrero, en que comienza en Sevilla el 38 Congreso Federal del PSOE, los aspirantes a dirigir al socialismo democrático español tras la etapa zapateril -que carga a sus espaldas las dos mayores derrotas electorales que recuerda la moderna historia de ese partido y la peor etapa de España en materia de empleo, junto a la más lamentable en pérdida de prosperidad social y económica- van desvelando sus cartas sin que por ahora aparezca un claro favorito para la secretaría general, aunque algunas encuestas otorgan ligera ventaja al veterano Rubalcaba. Los cantos de sirena dirigidos al joven y prometedor político que es Emiliano García-Page, alcalde de Toledo, para que encabece esa tercera vía que algunos militantes socialistas consideran conveniente, no acaban, cuando esto escribo, de obtener el eco deseado. Pero a estas alturas no cabe descartar aún que el alcalde entre en debate, “desde la posición que se precise” como él mismo ha declarado, y acabe por echarse al ruedo de la competencia electoral.

El largo pasado político de Rubalcaba, cargado de luces pero también con algunas sombras, cómplice en todo caso, en primera persona, de la debacle final del zapaterismo, y la artificialidad de la expancartera Carme Chacón, joven pero mero producto de diseño, responsable también del declive socialista por el seguidismo irreducible de Zetapé, no son, desde luego, la mejor tarjeta de presentación para la necesaria renovación de ese partido. Tampoco el debate interno ni las manifestaciones públicas de los candidatos, en actos y reuniones con la militancia, tienen la “ejemplaridad” y el “juego limpio” que reclamaba el secretario general saliente en el último comité federal. Y no lo tiene porque uno y otra, pese a que sus programas respectivos son muy parejos, a veces intercambiables, se lanzan dardos dialécticos envenenados y actúan con estrategias sibilinas y tácticas ayunas de la limpieza y el compañerismo que exigen las circunstancias. Chacón viene a llamar viejo y pasado de moda al exministro del Interior y éste le corresponde con que la edad no cuenta y, dejándola por frívola e inexperta, apunta que lo que importa es lo que hay en la cabeza.

Es probable que, aunque político solvente, Rubalcaba sea demasiado mayor y con un incómodo pasado para torcer a fondo el rumbo del PSOE; pero no es menos cierto que a la joven e inexperta señora Chacón no se le conoce ninguna idea, ninguna aportación política sustancial -salvo sus silencios y la búsqueda obsesiva del impacto y el buen rollito en la opinión pública- durante su militancia en el PSC, en que apoyó a bombo y platillo el discutido Estatut, ni tampoco en sus años de gestión al frente de los ministerios de la Vivienda y de Defensa; a éste por cierto lo ha dejado con un agujero económico de tomo y lomo: más de 30.000 millones de euros. Y, al decir de sus enemigos, fue nombrada ministra para tocarles los galones a los militares y porque molaba mucho que una mujer pasara revista a las tropas, más aún si estaba embarazada… Como se ve, todo muy zapateril. Salvo en Cataluña, donde los socialistas en peso están detrás de la candidata, ningún territorio se ha manifestado abiertamente a favor de uno u otro aspirante. Se han producido, sí, manifestaciones personales, respaldos explícitos -de los exministros Jáuregui y Jiménez y el lehendakari López, por ejemplo, en favor de Rubalcaba y de los exministros Caamaño, Pajín, Borrell y Narbona, más los líderes regionales Barreda y Gómez, como apoyo a Chacón-, pero la mayoría de las organizaciones territoriales socialistas, Canarias incluida, se muestran divididas y a veces se combaten a cara de perro.Con toda probabilidad será el PSOE andaluz -que dispone de 234 de los 972 delegados que acudirán a Sevilla, casi la cuarta parte- el que podrá proclamar al futuro ganador. Pero, las posiciones no están claras, ya que mientras Manuel Chaves y Gaspar Zarrías apoyan a Rubalcaba, el presidente autonómico, José Antonio Griñán, parece inclinado hacia Chacón. Y eso podría pasarle factura ante las elecciones de marzo próximo, por la decisiva influencia que aún ejerce el exvicepresidente en el aparato de poder socialista andaluz.

Así las cosas, y con los fulanismos en plena efervescencia, no se ha suscitado una verdadera controversia de ideas que tienda a recuperar las señas de identidad socialdemócratas perdidas por la globalización y la crisis económica, pero también por el radicalismo, la improvisación, la batalla territorial desatada en Cataluña y la falta de debate interno en los órganos del PSOE durante los mandatos de Zapatero, del que se hizo -ahora lo reconocen sus militantes- un seguidismo alocado que acabó con el proyecto socialista. En este sentido, Rubalcaba ha aportado sustancia y pragmatismo al lanzar la idea de que el PSOE debe ser “un partido capaz de vertebrar España en un proyecto colectivo y solidario, que mantenga el mismo discurso en todos los territorios”. Algo que también parece compartir Chacón, aunque matiza, con acento catalanista, que sí, pero que en cada lugar debe decirse o hacerse “con acento propio”.

El continuismo que sin duda simbolizan dos personajes responsables del doble fracaso electoral del PSOE no parece que sea la mejor receta para la renovación de ideas y personas, más aún en momentos tan delicados para el país, que necesita una oposición fuerte y unida, que hable con una sola voz y un solo discurso. “Queda mucho por hacer”, “queremos abrir un tiempo nuevo” y “lo peor sería el inmovilismo”, apunta acertadamente Chacón, más aún en un partido que es la única alternativa de Gobierno hoy existente y que está obligado a jugar un importantísimo papel en la vida pública española. Pero, como opina Rubalcaba, “el cambio inteligente “no se basa en la controversia falsa entre lo viejo y lo nuevo, ni en un giro brusco de timón sin un destino claro”, ni en “frases hechas”, sino en la “coherencia, diciendo lo que se piensa y haciendo lo que se dice”.

Con un castigo electoral dramático, una travesía del desierto preocupante y ante la necesidad de garantizar su continuidad orgánica, al PSOE le habría convenido más el nombramiento de una gestora y demorar unos meses la celebración del congreso para centrarse hasta entonces en la búsqueda de un discurso creíble para la puesta al día de los órganos internos del partido -reforzándolos, abriéndolos a la sociedad, haciéndolos más deliberativos y operativos-. Y junto a ello, una reflexión serena sobre la crisis en que han entrado la socialdemocracia y el mismísimo Estado del Bienestar, con la consiguiente necesidad de redefinir ideas, proyectos y objetivos.

La ponencia marco aprobada para el 38 Congreso fija los límites de la acción política socialista, y a ellos han de atenerse los candidatos. Rubalcaba va más allá que Chacón y propugna el reforzamiento del comité federal como órgano de debate y fijación de las políticas socialistas, la implantación de listas abiertas para la elección de delegados a los congresos provinciales, regionales y federales, consultas permanentes a la militancia y la celebración de una conferencia política anual abierta a los simpatizantes, al modo del Partido Laborista inglés. Ambos candidatos alientan la caja de Pandora al aceptar que habrá primarias a la francesa, es decir, abiertas a los simpatizantes, para designar en su día al candidato a la Presidencia del Gobierno, y que, en contra de lo practicado hasta ahora, podría no ser el propio secretario general. Un motivo más de inestabilidad y preocupación porque la ambición puede desenterrar el hacha de guerra contra el teórico mandamás del partido el mismo día de su elección para el cargo. Así que quien salga líder de Sevilla tendrá que vigilar a sus propios compañeros, aplicarse con la máxima intensidad en su labor de oposición en el actual contexto de crisis profundísima y, al tiempo, defender un proyecto de izquierdas que ilusione a esa parte de la ciudadanía -cuatro millones y medio de votantes, casi nada- que abandonó a los socialistas por muy variadas causas en las recientes elecciones. Casi nada.