TRAGEDIA EN ITALIA >

Ya están en casa

JOSÉ LUIS CÁMARA | Santa Cruz de Tenerife

Ya están en casa. Bernardo García, Inés Arozena y su hija Nayra jamás olvidarán aquellas vacaciones a bordo del crucero Costa Concordia. Aunque al menos ellos podrán contar un día que sobrevivieron a una de las tragedias náuticas más significativas de la última década.

Con el miedo todavía en el cuerpo y el cansancio acumulado por las horas de angustia padecidas, la familia tinerfeña aterrizó a primera hora de la tarde de ayer en la Isla, en un retorno amargo pero muy rápido. De hecho, a primera hora de la mañana partían desde Roma hasta Tenerife, vía Madrid, en un traslado facilitado por la compañía y supervisado por el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Según fuentes familiares, Bernardo, Inés y Nayra se encuentran “bien”, aunque por el momento no quieren hacer declaraciones, ya que “están desbordados por la situación”. No era la primera vez que realizaban un crucero de estas características, quizá porque Bernardo siempre ha estado vinculado al mar, ya que procede de una familia de pescadores de Tajao.

Residentes en El Médano, regentan un restaurante en la costa de Arico, que ahora está cerrado por “vacaciones”. Según explicó a este periódico un familiar de la pareja, tras realizar una excursión, estaban cansados y no fueron a una cena prevista en el programa; al llegar al camarote, ubicado en la octava planta, escucharon un fuerte golpe. Bernardo cogió a su mujer y su hija y subieron a la cubierta para ubicarse en las barcas de socorro.

Sin embargo, aseguran las mismas fuentes, tras dejar a su mujer e hija en la iglesia de Giglio -habilitada como centro de socorro-, Bernardo regresó al puerto para ayudar a desembarcar a otros pasajeros. Su camarote, tras el vuelco del barco, quedó sumergido, por lo que no pudieron salvar nada del equipaje, por lo que tuvieron que facilitarles ropa en el hotel Hilton de Fiumicino.

Mari García, madre de Bernardo, estuvo en permanente contacto telefónico con su hijo, y fue quien relató al DIARIO DE AVISOS la odisea vivida por los pasajeros que viajaban a bordo del Costa Concordia. “Fue lo mismo que el Titanic. Cuando estábamos en la cubierta, mucha gente se caía hacia abajo, porque el barco estaba hundiéndose, y mientras evacuaban algunas barcas, otras se nos venían encima”, explicó Bernardo García a su madre, que confiesa que ha sido “la peor experiencia de su vida”.

Los testimonios de los supervivientes señalan al capitán y la tripulación como los principales culpables de que la evacuación de los viajeros fuera un auténtico caos, a pesar de que el barco se encontraba a poco más de 80 metros de la costa de Giglio, en el mar Tirreno. “La tripulación no tenía ni idea de cómo evacuar el barco y el capitán nos mintió. Dijo hasta el último minuto que todo estaba controlado y que solo era un fallo eléctrico”, aseguró uno de los turistas. Junto a la pareja y la menor de Tenerife, un matrimonio de Lanzarote también viajaba en el crucero siniestrado, según fuentes de la Subdelegación del Gobierno en Las Palmas. Teresa Curbelo, trabajadora del Ayuntamiento de Teguise, su marido y su hijo se disponían a disfrutar de su primer crucero cuando se vieron envueltos en el terrible incidente. También tenían previsto regresar anoche a la isla conejera desde Roma.

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Aumenta a cinco el número de fallecidos, uno de ellos un mallorquín de 68 años

JUAN LARA (EFE) | Roma

Tres personas -dos viajeros y un miembro de la tripulación- del barco crucero Costa Concordia, naufragado en la isla de Giglio, fueron rescatados ayer con vida, 36 horas después del siniestro, a la vez que fueron localizados los cadáveres de un español y un italiano, lo que eleva el número de fallecidos a cinco.

El español fue identificado como Guillermo Gual, de 68 años y quien formaba parte de un grupo procedente de Palma de Mallorca, según la unidad de crisis creada por las autoridades de Italia tras este accidente.

El otro cadáver encontrado fue el del italiano Giovanni Masia, de 86 años, de Portoscuso (Cerdeña), que viajaba con su esposa de 83 años, su hijo, la nuera y dos nietos.

Los dos cadáveres, precisaron las fuentes, fueron sacados del barco y trasladados a un hospital de Grosseto, donde fueron identificados.

Casi dos días después del naufragio del mayor barco crucero italiano, más de un centenar de bomberos y decenas de buzos continúan la carrera contra el tiempo para intentar localizar a las 15 personas que siguen dadas por desaparecidas.

Entre ellas se encuentra la peruana Erika Soria, de 26 años y miembro de la tripulación del barco que encalló el viernes por la noche frente a la isla italiana de Giglio. Los rescatados fueron una pareja coreana -Hye Jim Jeong y Kideok Han, ambos de 29 años- que fue localizada en el interior de su cabina, en el puente octavo del crucero, de once plantas. La pareja, en viaje de novios, había subido al barco en Civitavecchia, a 70 kilómetros al norte de Roma, pocas horas antes del naufragio, ocurrido a las 20.45 horas del viernes, al chocar la nave contra una roca de veinte metros, que hizo un agujero en el casco de 70 metros de longitud. El otro rescatado fue el italiano Marrico Giampetroni, comisario jefe de a bordo del buque, que fue localizado en una zona anegada y los bomberos tardaron en llegar hasta ella, ya que en la planta había paneles y otros materiales descolgados y en estado ruinoso, lo que hacía peligroso el rescate.

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