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Youssou N´Dour > Juan Carlos Acosta

No es habitual que un país africano aparezca como noticia de actualidad en los informativos de todo el planeta si no es por acontecimientos desdichados, como las guerras o las catástrofes humanitarias. Tampoco lo es que una figura internacional de las artes de un paso adelante para afrontar los designios de un estado que, como Senegal, lleva algunos años sumergido en la controversia política o estancado en torno a las maniobras de un presidente que se resiste a dejar el poder, en medio de una polémica de legitimidad constitucional. Y es que esta semana el músico Youssou N’Dour, posiblemente el artista más popular en estos momentos de toda África, ha anunciado que concurrirá a las elecciones del próximo 26 de febrero, en un intento de descabalgar a Abdoulaye Wade, quien fue ratificado a finales de año candidato por su formación, el Partido Democrático Senegalés (PDS), por tercera vez consecutiva. Lo cierto es que el cantante ha ido tejiendo un sólido imperio en Dakar en base a un grupo mediático y económico compuesto por el periódico más leído, L’Observateur, y sendos canales de radio y televisión, entre otras empresas, con mucha influencia en el panorama cotidiano de los senegaleses, que es desde donde trabaja para levantar una potente campaña de cara a los comicios presidenciales y captar así la voluntad de sus paisanos, sumidos en sucesivas revueltas callejeras y huelgas como protestas hacia la corrupción que se ha adueñado del gobierno y a la deficiencia de los servicios básicos en uno de los países más avanzados del Occidente continental.

Así y todo, N’Dour deberá enfrentarse no solo al anciano jefe del estado, de 85 años, aunque la edad es, hoy por hoy, una condición muy venerada en la nación vecina, sino a una veintena de oponentes que pugnan también por alcanzar la más alta magistratura, una cifra muy llamativa si se tiene en cuenta que Senegal solo tiene 12 millones de habitantes, algo que con toda probabilidad dividirá más la intención del voto. A su favor cuenta con el reconocimiento tanto interno, porque ha invertido gran parte de su fortuna en crear muchos puestos de trabajo en su tierra, como externo, debido a su brillante carrera, consolidada a raíz del legendario tema 7 seconds, y a sus contribuciones a causas justas y benéficas en el marco de iniciativas promovidas por las Naciones Unidas. En su contra, su escasa preparación política y sobre todo académica, dado que no llegó a concluir los estudios secundarios, lo mínimo exigido para ser contratado como funcionario, atenaza objetivamente sus posibilidades de éxito, aunque él se defiende argumentando que para servir a su país y ser patriota no son necesarios los títulos universitarios. En última instancia, a menos de dos meses de la primera vuelta electoral, Yossou N’Dour tiene la oportunidad de rentabilizar esa opción derivada de su renombre internacional para dar un muy necesario giro a las expectativas de unas elecciones que, sin él, posiblemente se tornarían en un entramado de intereses partidarios y localistas, de dudosa salida para el bienestar inmediato de los ciudadanos, y finiquitar así a la trayectoria de una personalidad resistente que, como Wade, representó lo mejor y lo peor en los últimos once años. Además, cuenta con un importante precedente en la jefatura del estado, como fueron los celebrados mandatos del poeta y ensayista Leopoldo Sedar Senghor, el primer presidente de la República y artífice de la estable democracia de la que disfrutan actualmente los senegaleses.