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Ana Botella, bibliotecaria… > Miguel L. Tejera Jordán

La alcaldesa de Madrid, la señora Botella de Aznar, ha tenido una ocurrencia digna de figurar en el primer puesto del ranking de necedades y estupideces emergidas de los labios de los personajes más sobresalientes de nuestra dirigencia política.

Viendo que se ha quedado sin perras para pagar a los bibliotecarios de la red de bibliotecas públicas de Madrid, ha apelado, para mantenerlas en servicio, a la desinteresada colaboración de los voluntarios y voluntarias de la capital del reino. Dicho de otro modo, la señora Botella de Aznar quiere que los voluntarios sustituyan a los funcionarios y otros profesionales para que abran, mantengan en funcionamiento y cierren a sus horas, todas y cada una de las bibliotecas de la ciudad y su término municipal. Visto así, vale, aunque no mucho. Pero es que la alcaldesa va a más. Y la borda cuando explica las razones de su petición: “Ya es hora -ha referido- de que los vecinos de Madrid devuelvan a la sociedad lo que la sociedad ha hecho por ellos”. Y es ahí dónde se me atragantan las castañas, porque yo tenía entendido que los vecinos y vecinas de Madrid eran quienes integraban la sociedad madrileña o, dicho al verre, para que se me entienda, es la sociedad de Madrid la que está integrada por las madrileñas y los madrileños, que son, precisamente, quienes han pagado, pagan y seguirán pagando los impuestos, tributos y tasas municipales con que se deberían mantener abiertas las bibliotecas. Y en funcionamiento otros muchos servicios municipales abocados al cierre, no por culpa de los ciudadanos, sino de los políticos manirrotos de los madriles, quienes han dilapidado la hacienda local y endeudado hasta las pestañas a sus vecinos y vecinas.

Lo que la señora Botella de Aznar pretende es, ni más ni menos, que los voluntarios de Madrid trabajen gratis, manteniendo abiertas las bibliotecas, sin cobrar un duro y sin seguridad social. La jeta de la edila solo puede compararse con el cuello de la vasija de vidrio a que se refiere su apellido. Corcho incluido… Doña Ana quiere hoy voluntarios en las bibliotecas. Mañana querrá que estén podando flores en los jardines, barriendo las calles, desatascando el alcantarillado, o tocando en la banda de música. Puestos a pedir voluntarios y voluntarias para todo, se me ocurre que la señora Botella de Aznar debería pedir voluntarios para ejercer de alcaldes o alcaldesas de Madrid. Un alcalde voluntario o una voluntaria alcaldesa les saldría, a los madrileños, mucho más barat@ que la señora Botella de Aznar.

Para empezar, nos ahorraríamos su abultado sueldo, dietas y gastos de representación, presidencia de plenos y comisiones, el sueldo y la seguridad social del chófer de su vehículo oficial, los gastos del automóvil correspondiente, incluyendo combustible e ITV. También habría considerable ahorro en el pago de escoltas, desayunos, almuerzos, cenas, cuchipandas y merendolas oficiales; los madrileños no pagarían la factura del móvil corporativo de la alcaldesa, ni la cuenta de la peluquería, los billetes de avión en primera clase, o los regalitos que haga a su excelso esposo. Mire doña Ana: una alcaldesa voluntaria iría a su despacho caminando, en bici o moto, en metro o guagua. Y suprimiría chabolas, nunca bibliotecas. Se pondría a trabajar para crear empleo y aligerar las colas del paro, para engrandecer Madrid, nunca para achicarla.

Pero usted es otra que viene con la tijera. Es la herramienta que usan ahora todos los ineptos alcaldes de España. Tijera por bastón de mando. ¡Así, cualquiera!