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Binomio crisis-delincuencia > Sergio García de la Cruz

Las condiciones económicas actuales propician que los cambios se sucedan en unos sectores más que en otros pero, de manera general, estos se están produciendo. Paulatinamente, nos vamos acondicionando a la nueva situación. Tenemos una enorme capacidad de adaptación y lo mismo ocurre con la gestión de las organizaciones. La gestión policial no debe estancarse y ser inmune a esta transformación, que necesariamente no tiene porque ser negativa. Al contrario, ahora más que nunca debemos actuar conscientemente, gestionando los recursos con la máxima eficacia.

El capital humano en los cuerpos policiales es su recurso más importante y, cuando no se le presta la suficiente atención, esto puede tener muchas desventajas, sobre todo en la calidad del servicio. Pero las cosas bien hechas desde el principio nos ahorrarían muchos gastos, ya que su corrección posterior conllevaría costos extras. Solo el 5% de las empresas gestiona el talento de forma correcta, identificando el talento de manera individual y desarrollando al máximo sus habilidades.  A este hándicap de carácter endógeno, se nos suma la situación exógena actual. La policía continuamente se enfrenta a nuevos retos, pero ahora a los problemas actuales de violencia, pandillas, inmigración, etc. se les unen los de los recortes presupuestarios.

En las sociedades actuales se impone una sociedad de consumo, tratamos de matar el “hambre constante” con el consumo. La delincuencia puede ser una respuesta por parte de quienes no pueden cumplir con las expectativas de consumo, se merman las oportunidades que nos producen legalmente los recursos necesarios para cumplir con las expectativas. En situaciones de grave recesión surge un fenómeno a destacar y que Vance Packard denomino El arte del Despilfarro. Dentro de estas sociedades tan complejas en las que hemos desembocado, donde el consumo es el motor principal que la sustenta se produce el continuo hábito e impulso de comprar. Durante la recesión de 1958 se produjo un sentimiento de angustia entre los consumidores al no poder cumplir con las expectativas consumistas impuestas por la sociedad y muchos las suplieron hurtando.

Evidentemente, las tensiones económicas propician un aumento del comportamiento criminal. Las crisis tradicionales se caracterizan por una caída de la producción, del empleo, con un empobrecimiento generalizado. En cuanto a la crisis de 1929, los estudios demostraron que no se produjo un aumento de la criminalidad, pero evidentemente la sociedad actual dista mucho de la de hace 80 años. En la actual, el crimen podría alcanzar cotas muy altas, se puede establecer una clara relación entre los factores económicos y el crimen. En tiempos de crisis económica aumenta la delincuencia violenta adquisitiva, como los robos con violencia, pero también otros delitos como los homicidios, comportamientos ilícitos, causados en parte por estas frustraciones entre las aspiraciones y las expectativas. Es preocupante que a la actual crisis económica se fusione con la otra gran crisis que llevamos sufriendo desde hace muchos años, que si bien no ha pasado desapercibida para nadie, tampoco hemos sido capaces de darles una solución plausible.