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Cuestión de supervivencia > Jorge Bethencourt

El esfuerzo fiscal, la comparación entre la presión fiscal existente en una zona y su PIB per capita, está creciendo en España vertiginosamente. Cuando sube el desempleo, la masa de cotizantes disminuye. O lo que es lo mismo, hay menos gente para sostener las haciendas públicas. Y como la recaudación ha bajado, a pesar de que los impuestos directos, indirectos y especiales han subido (maldito Lafer), a los gobiernos sólo les quedan dos caminos: o gastar menos, recortando de todos lados, o acudir al crédito pidiendo más deuda que dejaremos en herencia a nuestros hijos y nietos. Porque la opción de fabricar más moneda nacional ya no está en nuestras manos.

Nos esperan medidas extraordinarias y desesperadas. El Gobierno del PP ha elegido la vía de recortar el déficit público para frenar el crecimiento de una deuda por la que ya pagamos 300 millones de euros cada día sólo en intereses. Eso significa que acepta tácitamente enfriar la economía, congelar aún más el consumo, prescindir de empleos públicos (hay una puerta abierta en la reforma laboral) y trasladar esa corriente de austeridad hacia las comunidades autónomas a las que va a cerrar todos los grifos. Y las islas no están en condiciones de asumir, por su condición de territorio subvencionado, el modelo de recortes y las limitaciones económicas que nos van a caer encima.

Si analizamos la situación de la economía y a sociedad de Canarias, no estamos muy lejos de un colapso del que sólo nos ha salvado el éxito del sector turístico, ese al que se acusaba de no crear empleo y que al final, entre 2010 y 2011 generó casi 30.000 puestos de trabajo. Pero la fragilidad de nuestra dependencia de ayudas y subvenciones nos hace especialmente vulnerables a la vía de recortes que han elegido Madrid y Bruselas.

Esta coyuntura pre eruptiva hace aún más incomprensible la indolencia con la que la mentefactura política canaria, llamada Parlamento, está esquivando la discusión de un plan de salvación.

Un plan que se asuma por todos, que se construya por todos y que cierre el grifo del oportunismo electoral, la discusión callejera y la guerra sucia.

El petróleo, la modificación del REF, el bondadoso trato de la UE con Marruecos… Todo eso no sólo es importante, sino trascendental… a medio y largo plazo. Pero hoy, lo que se dice hoy, la cuestión es plantearnos cómo sobrevivir. Y a qué coste.

Twitter@JLBethencourt