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De lunes a lunes para sobrevivir

Víveres Medina, regentado por Juan Medina, es una de las cinco ventas tradicionales que aún permanecen abiertas en Valleseco. | SERGIO MÉNDEZ

ÁNGELES RIOBO | Santa Cruz de Tenerife

El pequeño comercio también tiene derecho a existir. Esta es la tesis principal que manejan los propietarios de las ventas de víveres de Valleseco, localidad santacrucera de unos 2.500 vecinos y donde un amplio número de ellos ha mostrado su total desacuerdo con el cierre del único supermercado de la zona, que hace algunas semanas clausuró sus puertas tras unos diez años abierto al público.

Los pequeños comerciantes del barrio capitalino recuerdan a sus vecinos las ventajas del pequeño comercio y aluden al “duro esfuerzo que les supone mantener sus tiendas abiertas, y más en estos tiempos de crisis”. Así, el barrio cuenta con cinco ventas de toda la vida en las que, además de víveres, se puede encontrar casi de todo. El problema es que una cifra considerable de residentes lamenta “el alto precio de los productos en estos establecimientos”. María, una vecina que además regenta una cafetería de la zona, destaca que “mientras un litro de leche puede costar 60 céntimos en un supermercado, en una venta de su barrio no lo encuentras por menos de un euro”.

Los mayores

María suscribe, a continuación, que ella tiene la ventaja de que puede trasladarse al centro sin problemas para comprar en las grandes superficies, pero que lamenta que el alto número de ancianos del barrio no disponga de las mismas facilidades que ella para hacerlo y “tengan que pagar esos precios tan altos y, en ocasiones, abusivos”, señala. En este sentido, Juan Medina, propietario de Víveres Medina, una venta tradicional ubicada a la entrada del pueblo y que lleva abierta más de 50 años, explica que la principal diferencia entre sus precios y los de una gran cadena comercial radica en las marcas propias de estos últimos.

El propietario de este establecimiento de Valleseco añade que, sin embargo, en las marcas de calidad no se observa una gran diferencia de precios que refleje el esfuerzo que hacen los pequeños comerciantes para salir adelante cada día.

“Mi mujer y yo trabajamos de lunes a lunes y no cerramos al mediodía para poder compensar el descenso de las ventas por la crisis”, ejemplifica Juan, quien, a continuación, destaca que a sus productos hay que añadirle los costes reales derivados del abastecimiento de la mercancía que posteriormente pone a la venta. El tendero resalta que el secreto de haber mantenido su negocio abierto al público medio siglo “es una buena dosis de seriedad, de constancia, de mucho trabajo, y de suerte”, dice.

Cercanía

El cierre del supermercado implica que los vecinos que no deseen comprar en las ventas de su barrio tengan que desplazarse hasta el centro de Santa Cruz para poder adquirir su compra “a un precio razonable”. Pero no todos disponen de los medios necesarios para hacerlo, como puede ser el caso del alto número de personas de edad avanzada que reside en la zona.

Sin embargo, muchos vecinos de Valleseco siguen siendo fieles al comercio tradicional. “Yo continúo teniendo los mismos clientes de siempre”, destaca por su parte Cristo Reverón, joven que se encuentra al frente de Víveres Braulio, un negocio que lleva varias décadas abierto y que heredó de sus progenitores. “Aquí los clientes encuentran un trato más familiar, un trato de confianza que se labra a través de los años”, añade el joven.

Primera necesidad

En la misma línea que Cristo Reverón se manifiesta Israel Gómez, dependiente de Víveres Fátima, otra de las cinco ventas tradicionales que se encuentran aún en funcionamiento en el barrio de Valleseco y que, a diario, abastecen a los vecinos de productos de primera necesidad. Israel afirma que los supermercados pueden ser algo más económicos “pero nosotros siempre estamos aquí, de lunes a lunes”, recuerda, y apunta que solo cierra los sábados y domingos por la tarde, para descansar.

Israel añade que en las ventas puede encontrarse un trato más cercano y personalizado y destaca que “traemos productos de carnicería y pescadería por encargo a nuestros clientes, y hacemos pan aquí mismo”, afirma. Otra de las ventajas que observan los clientes de las ventas que aún perviven en el barrio de Valleseco, como Rosa Díaz, de 55 años, es que en ellas los productos como la chacina “se despachan a la manera tradicional, y no empaquetada como en el supermercado que acaban de cerrar”. Esta vecina y clienta de las ventas de la zona añade que en el supermercado clausurado “tampoco podía encontrarse ni carne ni pescado fresco”.