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El cambio > Jorge Bethencourt

No ha cambiado el Carnaval, has cambiado tú. Asúmelo. Puedes decir que ahora la peña sale a las dos de la mañana (sí, claro, porque tú ibas para el Carnaval al salir de misa de siete, ¿no?). Que sólo hay pibes jóvenes (exacto, idiota, como tú cuando salías a su edad). Que la gente, a las cuatro, lleva una colgada que da miedo (ya, porque cuando tú llevabas diez rones con cola parecías una hermanita de la caridad). Excusas.

Lo que te ocurre, hermano en la crisis, es que te has hecho viejo. Que te resulta ridículo vestirte otra vez de enfermera zorrón, con delantera de globos y suero intravenoso de etiqueta roja, y ponerte a hacer el indio. Porque a las dos horas te duele la espalda. Y los pies. Y tienes un frío que te sube por las patas que no es ni normal. Y la úlcera jodiendo. Y…

Hace algunos años -no recuerdas cuándo- algún amigo te enredó. Te tomaste más copas de la cuenta, se te calentó el pico y acabaste metido en el mogollón del Carnaval. Y sin disfrazar. Y te lo pasaste de coña marinera, por lo menos hasta esa zona nebulosa en la que empezaste a perder los recuerdos.

Esa madrugada fantástica en la que bailaste, bebiste la infecta bebida de los quioscos en repugnantes vasos de plástico y vacilaste con esas pibas y pibes “irresponsables”, terminó cuando aterrizaste en casa para enfrentarte a la cruda realidad.

Y la cruda realidad es que tu parienta se agarró un globo de mucho cuidado (por deleznables detalles tales como manchas de carmín en la camisa, pinturas y purpurina por toda la cara y, horror, unas inexplicables bragas rojas en un bolsillo de tu chaqueta). Y que todo el día siguiente en vez de estar tirado ante el televisor te lo pasaste sentado en la taza del baño.Y que tu cabeza se había convertido en un campamento del 15M donde un número indeterminado de tipos se dedicaban a tocar tambores y dar patadas contra las paredes del cerebro.

La resaca, que antes te duraba un par de horas, se prolongó a lo largo de una semana. Ahora, cuando te miras al espejo y ves al mismo pibe de siempre, sabes que es una milonga. Por eso no sales al Carnaval. Porque te da un miedo que te cagas (con perdón, literalmente). El Carnaval es igual, pero tú no.

Twitter @JLBethencourt