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El chantaje de las low-cost > Francisco Pomares

Tres compañías aéreas low-cost, concretamente Monarch, Jet2 y Condor, han decidido recortar los vuelos con Tenerife a partir del próximo verano si no se mantienen las bonificaciones de las tasas aéreas. En total, las tres compañías mueven unos 650.000 pasajeros, y desde el inicio de las bonificaciones habían aumentado en algo más del 20 por ciento los turistas traidos a las islas. Según el portavoz del Cabildo, Carlos Alonso, las compañías han anunciado que variarán rutas hacia Egipto, Grecia o Italia, que “pagan muy bien las nuevas rutas”. La presentación del asunto resulta un tanto dramática: es poco creíble que tres de los operadores se dirijan al Cabildo en tono amenazante, y que además lo hagan coincidiendo en los destinos alternativos. Además, si el impacto de la retirada de las bonificaciones va a medirse por la pérdida de algo más de cien mil turistas en el total de Canarias, este debate está un poco sacado de madre.

La retirada de las bonificaciones va a tener un impacto, indudable para las compañías, a las que se ha acostumbrado a primar por hacer el trabajo que se supone les interesa hacer, pero también para el turismo, en el medio y largo plazo, aunque ese impacto va a ser menor del que se dice. En el fondo del asunto lo que tenemos es una bronca política, en la que una parte -el ministro Soria- ha decidido utilizar los recortes a los que obliga la crisis, para complicarle las cosas al Gobierno regional, y otra parte -el Gobierno de aquí- que se defiende exagerando el impacto que esos recortes tendrán en la marcha de la economía local en un momento de singulares dificultades. Lo cierto es que al destino Canarias le vienen muy bien las bonificaciones, pero no va a hundirse ni mucho menos si desaparecen. Canarias es un destino muy consolidado en Alemania e Inglaterra, y al final son los propios viajeros los que determinan dónde quieren ir. Si el turismo se enfrena a un panorama difícil en los próximos tres o cuatro años tiene más que ver con dos factores de los que se habla mucho menos.

Uno es la brutal caída del turismo peninsular que desde siempre fue el principal caladero del sector en las islas. Se trata además, de una caída contra la que es más difícil actuar, porque esta directamente relacionada con la crisis económica general. La otra es la pacificación de algunos destinos competitivos, como Túnez, Egipto o Turquía, que en los próximos años iran recuperando parte de su propio turismo. Y contra eso no se pelea con bonificaciones, o al menos no sólo con ellas. Bien harían Soria y Rivero en dejar de tirarse los argumentos a la cabeza, directamente o a través de portavoces. La ausencia de una política común es mucho más dañina para el turismo que las amenazas de tres compañías que -a la postre- van a hacer siempre lo que más les convenga.