El Gobierno se frota las manos

El vicepresidente del Gobierno canario, José Miguel Pérez, flanqueado por las consejeras Margarita Ramos e Inés Rojas. / ACFI PRESS

DOMINGO NEGRÍN MORENO

Los puntos del orden del día barruntaban un pleno calentito. Pero, ayer, la ola de frío heló a sus señorías. Para entrar en calor, Paulino Rivero, José Miguel Pérez y Francisco Hernández Spínola se frotaban las manos (no en el sentido literal). El airoso resultado del reciente congreso federal del PSOE, con la elección por los pelos de Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general, ventiló las dudas sobre la continuidad del pacto de gobierno. Ese buen rollito cayó como un jarro de agua fría en la bancada del grupo popular, que había hecho acopio de cerillas de la Fosforera Sevillana para prender la llama de la discordia en el Ejecutivo regional.

Como el sistema de calefacción del Parlamento no era suficiente consuelo, el diputado del PP, Miguel Cabrera Pérez-Camacho, encendió la estufa con su chispeante verborrea inflamable. En la novena pregunta de la sesión de control, las palmas echaron humo. Sin armar demasiado ruido, para no despertar a los que se habían dormido ni molestar a los que estaban entretenidos con sus dispositivos electrónicos.

“El 11 de enero”, profirió Camacho, “el sol iluminó por fin la inteligencia del señor presidente del Gobierno de Canarias, que reconoció que se había equivocado el 15 de julio de 2009 al ordenar apoyar el modelo de financiación autonómica propuesto por Zapatero en el Consejo de Política Fiscal y Financiera”. Ante los gestos torcidos del sector oficialista de la Cámara, Pérez-Camacho avivó el fuego: “Han tenido que pasar dos años y medio para que Rivero haya llegado a percatarse de un estropicio cifrado en 600 millones de euros anuales”. El político de la oposición sacó el certificado de incompetencia del mandatario. El verso suelto del Partido Popular en el Legislativo recitó un soneto para justificar el sí crítico del entonces vicepresidente autonómico. El actual consejero de Economía y Hacienda, Javier González Ortiz, le restregó en la cara lo que dijo el ahora ministro de Industria, Turismo y algo más: “Canarias no puede renunciar ni a un solo euro”.

Pérez-Camacho imitó a Mourinho al meterle el dedo en el ojo a su interlocutor: “Luce buen trabajador, pero como parlamentario no es nada convincente y, además, es más soso y más frío que el hocico de un oso polar”. Ortiz se defendió con elegancia e incluso le propinó algún elogio; regado, eso sí, con esos polvos que pican.

“Rivero estaba obnubilado con Bambi [José Luis Rodríguez Zapatero] y con el fraudulento plan Canarias”, atronó Cabrera. “Cuando un político reconoce un error ruinoso para la Comunidad Autónoma que dirige, entra en un proceso lógico en el cual tiene que pedir perdón a los canarios, admitir su incapacidad para gobernar y presentar su dimisión por el destrozo causado”, apuntilló.

La capacidad competencial, la financiación autonómica y la pelea con Soria dominaron el debate. Los del PP buscaban petróleo y encontraron un líquido incoloro, inodoro e insípido. Los socios de la coalición gobernante (CC-PSOE) respondieron a las provocaciones con renovadas energías.

La sesión despegó con la polémica generada por la congelación de las bonificaciones a las aerolíneas que mimen las conexiones con las Islas. Al inicio de la jornada, José Miguel Barragán (CC) dio alas a Paulino Rivero. En un vuelo rasante, el presidente tumbó las balizas del “desconocimiento” y abrió una ruta al diálogo y a la cooperación institucional, un día después de que Soria cancelara la programada reunión entre la secretaria de Estado de Turismo, Isabel Borrego, y viceconsejero canario, Ricardo Fernández. El tráfico de reproches colapsó la megafonía del salón. Eso y que los ecos de las pilladas de Mariano Rajoy apagaron los micrófonos de manera intermitente. Ya por la tarde, la comparecencia sobre la estrategia de promoción -instada por los populares- se quedó en tierra. Como Spanair.

A Rivero, Pérez y Spínola se les veía contentos. Mientras los tres se intercambiaban frases de felicitación y hablaban de sus cosas, los otros socialistas -el palmero Manuel Marcos Pérez y el herreño Alpidio Armas- estaban a lo suyo.

El déficit de atención brindó un par de anécdotas a la concurrencia: Domingo Berriel (Obras Públicas, Transportes y Política Territorial) nombró “consejero” a Fernando Figuereo y Esther Nuria Herrera designó a Mercedes Roldós “ministra de Sanidad”.

Esta crónica no es pan comido. El segundo periodo de sesiones trae consigo la supresión del papeo. Con esto de los recortes, ya solo sirven bebidas. Frías o calientes.