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El sabio Matías Díaz Padrón > Ólga Álvarez de Armas

Así como dice el titular llamaban el otro día en el cultural del periódico ABC de Madrid a nuestro paisano, nacido él en la isla de El Hierro, Matías Díaz Padrón.
Hace unos días estuve en Madrid y fui por segunda vez a contemplar la magnífica exposición del Hermitage en el Museo del Prado. Pero antes de entrar en ella fui a ver en un salón contiguo donde se ha colocado para señalar su importancia, un enorme cuadro del que casi todo el mundo del arte y la cultura de por allí habla, tal es la complicación que traía consigo esa obra llamada El vino de la fiesta de San Martín, pintada por Pieter Brueghel el Viejo, el famoso pintor flamenco, comprada en 2010 por el Estado español para el Museo del Prado que también aportó de sus fondos.

La historia de cómo llegó este cuadro al gran museo es muy larga para contarla aquí con todo detalle, pero lo importante es que era una obra que prácticamente dormitaba en un estado casi ruinoso en una galería del palacio familiar de los Medinaceli, que creían tener otra cosa mucho menos importante. Y aquí es donde interviene el sabio Matías Díaz Padrón. Él venía advirtiendo por escrito desde 1980 que esa pintura bastante estropeada que estaba en la casa de tan aristocrática familia, aún no habiéndola visto personalmente sino por una estampa, creo, era una obra maestra de Brueghel. Sin verla de cerca decía que era de el Joven (vista de cerca es de el Viejo) y que el Estado debía comprarla para El Prado antes de que fuera demasiado tarde. Pero nadie había podido ver la firma que corroborara lo que decía Matías Díaz, entre otras cosas porque el grueso barniz de poliéster que cubría la pintura impedía ver más allá. Sin embargo, Estados Unidos, siempre al quite, y Holanda por razones obvias, empiezan a sospechar de si sería verdad lo que decía Matías y no pierden más tiempo: comienzan a hablar de ello con la familia Medinaceli. El sabio Matías volvió a reafirmarse en que para él esa obra era de Brueghel. Todo el personal especialista del Museo del Prado está ya a esas alturas movilizado en ello, pero el Ministerio de Cultura de España quiere más certeza en si es de el Joven o el Viejo, pero el tiempo apremia y las presiones también; viendo las que varios museos europeos y americanos ejercen sobre los Medinaceli, y entre la duda de saber quién la pintó exactamente por un lado, y la certeza de que se trataba de una obra maestra por otro, el Ministerio se la juega: lo primero que hace es declararla “obra no exportable” para impedir que salga de España y, finalmente, en 2010 compra el cuadro por siete millones de euros.

El Prado se pone inmediatamente en el trabajo, muy largo y difícil, de limpiar y restaurar el lienzo porque el paso de los siglos sin recibir el cuidado necesario había hecho un estropicio. Pero una vez limpio y restaurado en una operación que ya es en sí misma una especie de “obra de arte”, apareció, silenciosa y maravillosa, la firma de Brueghel el Viejo. El precio en el mercado internacional sube automáticamente de los siete que había costado a cincuenta millones de euros. El Estado a través del Ministerio de Cultura advierte de una vez y por todas que el valioso cuadro pasará a incrementar las colecciones de El Prado, como no podía ser menos. Y ahí está, recién expuesto con todos los honores, en una sala al lado de los de El Hermitage, donde puede contemplarse en su maravillosa soledad, la bella y fantástica bacanal, la enorme borrachera que pintó hace casi cinco siglos, Brueghel el Viejo. Y punto final al asunto.

Sí, nuestro paisano Matías Díaz es un sabio. Un sabio que habla bajito pero un sabio. Y habla bajito en dos sentidos: en el de la audibilidad y en el de su admirable prudencia. De la primera doy fe personalmente. Un día me invitó a cenar en su casa de Madrid y no le pude oír en toda la velada. Lo intentaba con verdadero interés porque sabía que estaba hablando de arte y quería escucharle, pero yo no era la única invitada y entre todos hacíamos demasiado ruido para oír la voz de Matías.

Y en cuanto a su prudencia para decir cosas interesantes de arte, teniendo en cuenta que está considerado uno de los más importantes especialistas del mundo en el del siglo XVII, pues decía, que este antiguo conservador de El Prado a quien se le atribuyen más de 300 descubrimientos; que conoce la obra de Rubens, Van Dyck y tantos otros, entre ellos Velázquez, como la palma de su mano, nuestro paisano Matías Díaz, digo, debería estar hablando con más frecuencias y más alto; y hablo de esa altura y frecuencia que le da su sabiduría que en definitiva le otorga una autoridad sobrevenida sobre los que sabemos que no sabemos nada y sobre algunos que creen que saben algo. Pero no, él habla poco, bajito y con frases cortas incluso cuando considera que debe decir algo con urgencia. Así, por ejemplo, un día dijo sólo esto: “La infanta Margarita de Austria que exhibe el Museo del Prado como de Velázquez no es de Velázquez; está pintada íntegramente por su alumno y yerno Juan Bautista del Mazo”. Así como lo leen. Creo que el personal del citado y maravilloso museo aún está con las sales en la nariz a ver si logran recuperarse de semejante disgusto. Pero el que sabe, sabe. Y Matías Díaz Padrón, en lo suyo, es un sabio.

Pero un sabio casi desconocido en su tierra, incluida la herreña. Aunque desde luego,tan lamentable circunstancia no le ha restado un ápice a su enorme valía.