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Estupor > Juan Carlos Acosta

Si tuviera que resumir las sensaciones que me han rondado esta semana respecto a África las expresaría con la palabra estupor. Lejos de poder consignar los muchos acontecimientos que siempre se generan en un territorio tan vasto como el del continente cercano a diario, me quedo con dos asuntos dignos de reseñar en esta columna que pretende comentar aspectos muy generales y que suelen circunscribirse a los países más inmediatos a Canarias.
De una parte, me ha llamado la atención el vacío informativo en las Islas en relación con los importantes y graves altercados que se producen en la vecina república de Senegal, sumida en un proceso polémico de elecciones presidenciales, marcadas por la pretensión del actual jefe del Estado, el octogenario Abdoulaye Wade, de acceder a su tercer mandato en contra de la constitución y de una comunidad que se ha echado a la calle para detenerlo. Por lo pronto, y a la espera de nuevas noticias, ya se contabilizan cuatro muertos y decenas de heridos en varias ciudades, en unas revueltas en las que los estudiantes y los raperos en torno al movimiento Y en a marre (estamos hartos) conforman la vanguardia.
De otra, también me ha sorprendido ese viaje relámpago y misterioso del presidente del Gobierno autónomo, Paulino Rivero, y del consejero de Obras Públicas, Domingo Berriel, a la región marroquí de Guelmim-Esmara, llevado a cabo de forma callada, casi furtiva, si no fuera por las imágenes que el propio titular canario colgaba en una red social de internet; aunque no menos me han chirriado las expresiones xenófobas de algún medio de comunicación que solo contribuyen a crear esa atmósfera de miedo y desprecio al “moro” (sic) o al africano y que tan poco conviene a las aspiraciones de soberanía que, por otra parte, propugna encendida y reiteradamente. Si queremos altura de miras y una presencia solvente y de liderazgo ante nuestros vecinos, evidentemente, ese no es el camino.
En cuanto a Senegal, si hay algo que define su idiosincrasia es el vocablo wolof “teranga”, que se traduce al español como hospitalidad o amabilidad, y que apunta a que ese pacífico pueblo no está destinado a reproducir, espero, los terribles episodios de los países de la Primavera Árabe, aunque la situación de violencia callejera puede ir dejando jirones lamentables hasta los comicios del próximo día 26, tales como el atropello de una niña por un camión de la policía en Dakar -un accidente más que previsible- y que ha radicalizado las reacciones hostiles de los ciudadanos. Huelga decir que Wade debe irse porque ha llegado el momento y porque puede todavía evitar el sufrimiento de su pueblo y salvar muchos de los avances que ha aportado a la estructuración del Estado, sin dejar de obviar, eso sí, las no menos numerosas sombras de corrupción y megalomanías de sus últimos años.
Sugeriría, en cualquier caso, a nuestras autoridades que encararan con mayor dignidad y convicción el reto de desplegar sus políticas exteriores con el Occidente africano, porque las necesitaremos más pronto que tarde, visto lo visto con la deriva europea, máxime con Marruecos, con quien nos vamos a batir el cobre del petróleo, entre otros contenciosos, y porque es un aliado incontestable de la Unión Europea y de los Estados Unidos, en base a convenios muy potentes que nutren aún más un desarrollo económico y social que lo colocan a las puertas de las potencias emergentes del mal llamado tercer mundo.