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José Luis Jordana: “Los mayores son un potencial de esta sociedad”

Filósofo y humanista, Jordana es el instigador de una revolución entre los mayores. | J. RODRÍGUEZ (ACFI PRESS)

EUGENIA PAIZ | Breña Alta

El Museo del Puro de Breña Alta se suma al más de centenar de museos de toda España, catedrales, palacios, monasterios, iglesias y monumentos histórico-artísticos, en los que los que grupos de jubilados de cada territorio dedican su tiempo a mostrar espacios museístico a niños, jóvenes y jubilados. El Museo del Puro de Breña Alta es la última de las incorporaciones al proyecto dirigido por José Luis Jordana, un humanista y filosofo reconvertido desde el año 1978, tras una amplia experiencia como coordinador de un centenar de escuelas de Perú, en gestor socio-cultural e “instigador” de una revolución social entre los mayores. Esta mutación que desde hace años se viene produciendo en el colectivo de la tercera edad, y que ha desechado de su terminología definiciones como “ancianos”, está liderada por este hombre de 75 años, presidente de la Confederación Española de Aulas de Tercera Edad.

-Este es un proyecto innovador que tiene mucho que ver con la receptividad de los mayores de cada territorio. ¿Tendrá futuro en La Palma?

“Claro que sí. Esta es una entidad sin ánimo de lucro, la única entidad de mayores que trabaja para la cultura, por la cultura y como técnicos conocemos toda la problemática de los mayores, pero ese no es nuestro mundo. Trabajamos con gente mayor con gente mayor que llega a la jubilación y que puede y quiere seguir activa y participativa en el marco de su comunidad, donde se circunscriben los programas de voluntariado. Los mayores palmeros no se diferencian en nada de los de otros territorios. Ese concepto lo tengo claro desde mi perspectiva de superación y de trabajo. Muchos me dicen que soy un utópico y un idealista y además a través de los museos, dado que no soy doctor en arte, ni etnológo, ni antropólogo, ni un investigador. Yo soy un dinamizador, un gestor cultural, un animador sociocultural y para mí todas las personas son válidas. Cuando me preguntan que por qué no escogemos jubilados con una formación académica, licenciados, yo digo rotundamente que no porque eso va contra la filosofía del programa. Toda persona, hombre o mujer, que tenga más de 50 años -para que no se nos escapen los prejubilados- pueden incorporarse a nuestro proyecto. Los mayores se han convertido en el mayor potencial humano de la sociedad actual y también lo son en este municipio y en La Palma”.

-Usted dio una charla esta misma semana para captar a jubilados con este perfil. ¿Ha descubierto potenciales voluntarios culturales en Breña Alta?

“Desde luego que sí. En estos 30 años de trabajo he conocido muchísimos rincones de toda España y los mayores de aquí tienen mucho en común con los mayores de un pequeño pueblo de Soria, de Teruel, o de gente que enseña pequeños museos, como el Museo del Ayer con dos voluntarios en un pueblo perdido de Burgos. Eso es lo interesante: la gente vibra con la historia, vibra con el conocimiento, con el relato de la esencia de donde ha vivido, donde ha crecido y eso ocurre también en Breña Alta y en este Museo del Puro Palmero, ligado a la cultura a la economía y a la historia de la Isla y metido en la existencia de todas estas personas que pueden darlo a conocer. Lo único indispensable es motivar, y ese es nuestro trabajo. Tenemos que utilizar técnicas desde la gerontología, la ciencia que te enseña a envejecer con salud. Les he explicado a los mayores con mucha claridad que descansar en la jubilación es comenzar a morir. Mucha gente se muere diez o doce años antes de lo que lo harían si estuvieran activos. No se puede uno jubilar para estar apoltronado en casa con el argumento de que le han machacado en su trabajo. La verdad es que mientras están inactivos todo su esqueleto se está descalcificando y su cerebro está envejeciendo. Un voluntario de museo tiene que salir de casa, enseñar el museo, y cuando ha mostrado ese espacio cultural a un grupo de escolares, a unas amas de casa o a otros jubilados, llega a casa con una enorme satisfacción. Hay mucha gente mayor que no quiere estimular las neuronas, pero lo cierto es que cuando dejas de aprender tu cerebro empieza a envejecer. Son frases duras pero ciertas: cuando en la vejez una mente se vuelve torpe, la culpa es tan solo de su dueño”.

-La Palma tiene una alta tasa de envejecimiento, sobre todo en determinados pueblos del norte de la Isla. ¿Cree que esta realidad social, que preocupa por la demanda de ayudas y servicios, puede darse la vuelta para convertirse en un potencial recurso en el marco de la crisis?

“El colectivo de las personas mayores, también en La Palma, está infrautilizado. Desde el año 78, cuando salí del mundo de la educación y regresé de Perú, donde tenía 100 colegios a mi cargo en la zona de la Selva Amazónica, un hombre español vivía un promedio de 65 años y una mujer 66. Hoy la media en Canarias tiene de promedio de esperanza de vida 78 años para un niño y 85 para una niña. Cuando yo empecé en esto la gente como mi padre se jubilaba a los 70 años y cuando la alcanzaban lo hacían con tantos achaques que no le podías pedir que participara. La sociedad ha cambiado. En 1978 sólo el 15% de la población activa llegaba sana a la jubilación. Ahora son un 15% los que necesitan asistencia, mientras que el 75% puede seguir activo. El colectivo de mayores es ahora el mayor potencial que tiene esta sociedad, la sociedad canaria, y la sociedad palmera. Ese potencial está desaprovechado y eso hay que cambiarlo”.

-¿Qué modelo le gustaría aplicar en Breña Alta?

“Las personas mayores de Breña Alta: lo que quieren, lo que saben y lo que pueden hacer en favor de su municipio. Eso pasa por crear comisiones de trabajo con una dinámica que se podrían poner en marcha en una semana. Los técnicos se quedan muchas veces en el diagnóstico, y es ahí donde deben ser útiles estas comisiones de tres o cuatro personas mayores. ¿Quién conoce mejor Breña Alta que los mayores? Pues son ellos los que deben, a través de las comisiones contar las carencias y necesidades, y que ellos pasen la información al Ayuntamiento en una reunión de media hora al mes con el concejal correspondiente”.