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La investigación astrofísica en Canarias > Antonio Alarcó

La inauguración en 2009 del Gran Telescopio de Canarias (GTC) en el Roque de Los Muchachos, La Palma, constituyó un hito histórico y un nuevo avance en la apuesta que España hizo en su día por la consolidación de las Islas como destino de estas importantes inversiones, como lo fue la inauguración del Observatorio Astronómico ubicado en la misma cima en 1985.

Nuestra ubicación geoestratégica tricontinental sin igual, nunca ha sido tan bien aprovechada como con la instalación de estos telescopios gigantes en las cumbres de Tenerife y La Palma, sede de estas auténticas maravillas de la técnica, en cuya gestión y fabricación colabora cerca de una veintena de países.

El Roque de Los Muchachos y el Teide constituyen el Observatorio Norte Europeo (ONE), en el que participan más de sesenta instituciones de todo el mundo. Entre ellas destaca el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), con sede en La Laguna, integrado por la Administración del Estado, la Comunidad Autónoma de Canarias, la Universidad de La Laguna y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que puede honrarse de haber puesto todo su patrimonio material e inmaterial al servicio de las Islas.

Se trata de un centro de investigación español, de los más importantes del mundo, cuyos magníficos profesionales aprovechan la calidad de nuestros cielos -los mejores del planeta-, que facilitaron el descubrimiento del primer posible agujero negro de nuestra galaxia (1992), la localización de la primera enana marrón, bautizada como Teide 1 (1995), y del primer agujero negro en el halo de la galaxia (2001).

Hoy, como siempre, reiteramos nuestro apoyo a la comunidad científica con sede en las Islas, al tiempo que mostramos nuestra honda preocupación por los problemas económicos anunciados estos días por el director del IAC, Francisco Sánchez Martínez, que ponen en peligro la continuidad de los trabajos que desarrolla el Gran Telescopio de Canarias. En este complejo universo tecnológico brilla especialmente el GTC, el mayor y más potente aparato de estas características construido en el mundo, con sus 10,4 metros de diámetro, que a 2.400 metros de altitud, sería capaz de detectar la luz de una vela en la superficie de La Luna, o de descifrar componentes químicos surgidos tras el Big Bang.

Una inversión cercana a los 150 millones de euros como ésta, que en solo tres años ha dado como resultado unos 200 programas de observación del cosmos, bien merece un acuerdo institucional que garantice su financiación.

Si bien todos los sectores productivos han de afrontar de igual manera las restricciones que impone el actual contexto de crisis, el anuncio de la paralización de unas investigaciones del calibre de las que se realizan en las Islas, que nos han convertido en punta de lanza en la materia, es sin duda una mala noticia, dada la cantidad de proyectos que se verían interrumpidos y la infrautilización de unas instalaciones que supusieron una importantísima inversión.

La investigación astrofísica y científica, por las razones anteriormente expuestas, deben quedar exentas de la confrontación política. Hemos de seguir buscando fórmulas de consenso serias y científicas, a través de convenios y mecenazgo para inversiones subsiguientes, con mantenimiento del GTC.

Ya lo logramos en su día, cuando aunamos esfuerzos en torno a la candidatura del IAC para albergar el Telescopio Extremadamente Grande (E-ELT), que concitó el respaldo mayoritario de no pocas instituciones españolas y canarias, así como del Parlamento Europeo, y que se malogró por una errónea estrategia internacional desarrollada por el Gobierno en aquel momento.

Una delegación de senadores visitó el IAC por aquellas fechas, y en la Cámara Alta impulsamos una resolución a favor del E-ELT. También se introdujo este tipo de investigaciones en la Ley de Ciencia, de la que fuimos ponentes, aprobada por unanimidad, que introdujo la divulgación como elemento esencial de la I+D+i+d.

Tendríamos, de hecho, que beneficiarnos en mayor medida de la gran ventaja que supone contar con estas y otras instalaciones, únicas en el mundo, que bien podrían contribuir a nuestra promoción como destino turístico científico y astrofísico, una forma de actividad que no consume terreno y relaciona ocio e investigación. Pueden tener la seguridad de que el Gobierno de España, ante el que estamos mediando con este fin, tomará las medidas que procedan para garantizar el futuro del IAC, y esperamos que haga lo propio el Ejecutivo Autonómico, dado el alto valor científico y económico que supone para nuestro Archipiélago.

*Portavoz del Grupo Popular en el Cabildo de Tenerife y senador por la Isla