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Larga espera por un hogar

Mercedes y Andrés, su compañero, y luchan juntos por alcanzar unas condiciones de vida dignas. | JAVIER GANIVET

ÁNGELES RIOBO | Santa Cruz de Tenerife

Mercedes Alonso es una vecina de Santa cruz de Tenerife con 50 años de edad. Hace 20 puso una instancia para solicitar una vivienda municipal que aún sigue esperando. Enferma de lupus desde los 15 años, padece diabetes y sufrió una trombosis que le produce lagunas de memoria y problemas de vocalización. Por un empeoramiento de su enfermedad, estuvo tres años sin renovar su solicitud, dando así motivos para justificarse, ante su larga espera por una vivienda de protección oficial, a las instituciones responsables. En su periplo de búsqueda de un hogar con sus bajos recursos, dio con sus huesos en el albergue de Santa Cruz de Tenerife hace siete años.

Solo estuvo cuatro meses, hasta que “la echaron por cobrar una pensión”, pero le dio tiempo para enamorarse del que hoy es su pareja, Andrés Expósito, también de 50 años. Juntos buscan un hogar digno.

Con el 65% de incapacidad reconocida y 365 euros de pensión no contributiva, Mercedes ha tocado ya todas las puertas que conoce, llegando incluso a poner su caso -la espera incomprensible por una vivienda social- en manos del Diputado del Común, para poder agilizar su solicitud. Pero la empresa fue infructuosa. Cuenta que le negaron el auxilio porque “no se había vulnerado ningún derecho constitucional”, pero ella considera que el derecho a una vivienda digna sí que lo es.


Sin hogar

Mercedes vivía en su domicilio familiar con sus padres y hermanos en Chimisay, pero hace 20 años intentó independizarse solicitando una casa. Hace unos ocho años lo intentó y se fue de casa. Su padre murió y en la actualidad en el piso de sus padres residen sus tres hermanos de entre 40 y 50 años. Ella nunca volvió y durante este tiempo ha buscado cobijo en varios lugares. Tras salir del albergue reside en casa de una amiga, en Ofra, y cada mes colabora con lo que puede en los gastos corrientes de la vivienda.
“Le estoy muy agradecida a mi amiga, pero preferiría poder construir mi propio hogar. No entiendo por qué nunca me ha tocado casa. He pasado por todos los tipos de selección, por méritos, por incapacidad e, incluso, por sorteo. Ya han pasado 20 años y nada”, lamenta esta mujer. Desde 2010, en Visocan, le dicen que su solicitud está “en el bombo”, junto a otras miles.

Herencia arrebatada

La pareja de Mercedes, Andrés Expósito, es un gran apoyo emocional para ella, pero también sufre en sus carnes las consecuencias de no tener un empleo ni una casa. Con 50 años, el hombre asegura que ha dormido en cartones debajo de puentes “cuando la cosa estaba difícil”, y no alcanzaba camas en el hospicio municipal. Él lamenta que su hermana y su cuñado no le permitan acceder a una pequeña vivienda en El Rosario, única herencia que recibió de sus padres. Andrés huérfano desde la infancia, y con una hermana y una tía como única familia, estudió hasta el bachillerato ha tenido varios empleos a lo largo de su vida. Trabajó de administrativo, de cristalero, etc., pero la vida se le torció y en 2005 acudió al albergue municipal por primera vez.

Luego, en los años siguientes, vivió de empleos puntuales que le permitieron alejarse por temporadas de la beneficiencia. Apesadumbrado, Andrés Expósito añade que no entiende cómo su hermana, teniendo varias viviendas y una vida acomodada, no le ha ayudado. “Me siento impotente; tengo rabia. Yo a mi hermana nunca le hubiera hecho esto”, deplora.

Lucha conjunta

En la actualidad, desde hace un año y cuatro meses, vive en el albergue. “Mi voluntad es salir de allí cuanto antes pueda, pero sin un trabajo ni unos ingresos es imposible”, lamenta Andrés. Relata que, hace un año pudo trabajar cuatro meses, pero no le alcanzó para tener paro. Solicitó una ayuda del Servicio Canario de Empleo y tuvo unos pequeños ingresos durante un tiempo. Ahora, vuelve a estar sin ayudas económicas.“He metido los papeles para intentar arreglar una paga del Ayuntamiento”, cuenta, antes de lamentar la situación de inestabilidad que sufre a su cincuentena.

Lo que saca positivo de su situación es haber conocido a Mercedes. Juntos han unido sus luchas: uno quiere encontrar un trabajo que le de estabilidad a la vez que lucha en registros y abogados para solucionar su herencia; la otra lo hace en instituciones regionales y locales para que, por fin, le den la vivienda que cree que merece, aunque solo sea por los 20 años de espera.