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Los dos patitos > Miguel L. Tejera Jordán

Al terminar el XXXVIII Congreso del PSOE, celebrado en Sevilla, el nuevo secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, se mostraba exultante. Y, la verdad, no sé por qué. Conseguir la plaza con 22 papeletas más que su contrincante, sobre una cifra total de 956 delegados con derecho a voto, no solo no es ganar, no solo no representa ningún triunfo sino, más bien, una derrota, en lo personal y en lo político, es decir, en su afianzamiento como líder del primer partido de la oposición. Si quieren que les diga lo que pienso, por otra parte en línea con la mayoría de colegas que vienen diciendo lo mismo, este congreso se ha saldado con la pérdida de ambos. Rubalcaba le ha ganado a Chacón por 22 votos. Esto se traduce en una mayoría aritmética ridícula, por insignificante. Los líderes no ganan por la mínima. Los líderes que aspiran a regir un partido histórico como el PSOE, tienen que ganar por mayoría absoluta, casi casi por aclamación. Tienen que ser efectivamente aclamados por sus bases y cuadros intermedios. Pero Rubalcaba no le sacó a Carmen seiscientos o setecientos votos. Le superó por apenas veintidós, o lo que es lo mismo, los dos patitos de la lotería del bingo casero.

Lo que ha pasado es malo para el PSOE y para España. Para España, porque el país necesita un primer partido de la oposición que sea fuerte y que esté unido. Pero el PSOE, después del 20-N, ni está fuerte, ni está unido. En realidad, las cifras cantan de tal modo, que Rubalcaba se pasará los próximos cuatro años peleando mucho más contra la gente de su propio partido que contra el PP de Mariano Rajoy. A las pruebas me remito. Echen un vistazo a la composición de la nueva Ejecutiva Federal y verán lo que pintan los partidarios de Chacón en ella. Nada. No hay Ejecutiva de integración. Y esta carencia se traducirá, más pronto que tarde, en una verdadera lucha intestina por el poder, por los poderes territoriales y por el poder a nivel estatal dentro del partido de Pablo Iglesias. Hay muchos otros efectos añadidos que juegan en contra del nuevo secretario general. Empezando por su edad. Si en España se mantienen los ciclos electorales como hasta ahora, es probable que Alfredo no toque poder real antes de ocho años, suponiendo que el desgaste del PP sea muy grave porque, si no lo fuera tanto (aunque el ejercicio del poder siempre desgasta), entonces nos montaríamos en doce años de larga espera. Y esto, un candidato presidencial de sesenta y ocho a setenta o más años, (por entonces) no lo aguantaría ni el químico, por muy inteligente y buen estratega que sea. La culpa no será entonces de los éxitos cosechados por el PP, sino que habrá que achacarla a la artritis del vejete socialista.

Otro factor, de naturaleza política, le marcará para siempre como secretario general. Lo ha dicho Cayo Lara, de IU, alto y claro, para que se le oiga. Y yo estoy de acuerdo con don Cayo. Ha dicho de Rubalcaba que, quien se ha pasado los últimos ocho años aprobando políticas conservadoras, no puede ahora presumir de ser el más progresista de la izquierda…

Su pasado como expresidente será su peor carrera de obstáculos para llegar algún día a La Moncloa.

El desafío electoral de las autonómicas andaluzas será su primera gran batalla. Y no está el PP por los suelos, ni mucho menos. Javier Arenas tiene simpatía entre su gente. Y los socialistas van de caderas desde hace tiempo en el principal granero del PSOE.

Ahí querremos todos saber qué pasa.

Y después de la cita será cuando empiece, de verdad, el calvario de Rubalcaba.