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Martín Chirino > Luis Ortega

Si en días pasados lamentamos la desaparición del gran Manuel Bethencourt, hoy volvemos a la escultura porque, por distintas razones -el tiempo, la insensibilidad (una vertiente más de la incultura), la desidia y, finalmente, la fragilidad de los materiales-, se han cebado con la obra de nuestro mejor escultor contemporáneo (hablo de los afortunadamente vivos) que está pasando por difíciles e incomprensibles vicisitudes que no dejan en buen lugar a las corporaciones que deben velar por ellas. Después de la incomprensible actuación en El sueño de los continentes -en una plaza emblemática respaldada por uno de los mejores edificios contemporáneos de Santa Cruz, la Delegación de Hacienda -realizada por Rubens Henríquez- mutilada de modo incomprensible y brutal en 2009, para una instalación fugaz, sin consultar al artista, y sin considerar la notable importancia de la pieza, encargada en 1992, como elemento central de una hermoso espacio urbano. Al incidente -que tuvo una extraordinaria repercusión mediática que no dejó a la capital ni a sus rectores en buen lugar- se unieron además actuaciones judiciales, porque los derechos de autor no se pueden atropellar por intereses o ignorancia, y aún no se ha solucionado el incomprensible desafuero. En la ciudad gemela, Santa Cruz de La Palma se cuenta con una hermosa pieza incluida en el capítulo que el artista grancanario dedicado a los vientos que nos regalan nuestro privilegiado clima; fue ubicada en el terraplén que cubrió el foso del Castillo de Santa Catalina y que hoy es una pequeña explanada de césped. La obra fue donada por el Colegio de Arquitectos y está realizada en acero cortén, un material absolutamente vulnerable para la brisa marina; grietas en la estructura, tramos desoldados, grafittis bárbaros -una plaga que se ceba con monumentos y edificios históricos- que ofenden el buen gusto. Las corporaciones local e insular conocen el problema pero alegan la falta de presupuesto para acometer su restauración y buscar el emplazamiento y el tratamiento adecuado para conservar la única obra de Chirino en esta Isla, sembrada de adefesios contemporáneos, algunos realizados en materiales nobles. La crisis no sólo es una realidad que nos castiga, sino una excelente cabeza de turco de todos los males. Sería muy ilustrativo, ya que no van a salvar el Alisio, que ayuntamiento y cabildo divulgaran el dinero invertido en cultura y el destino de sus partidas. Con la claridad y la transparencia que exige la ley, el sentido común y la buena gobernanza.