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Noticias de un congreso > Jorge Bethencourt

La noticia del fin de semana es que Rubalcaba, por fin, ha ganado unas elecciones. Aunque sea en casa. El asalto de Carme Chacón a la secretaría general del PSOE acabó con una meritoria derrota. La catalana representaba demasiados cambios en el guión y la mayoría del partido apostó por la línea más previsible de Alfredo Pérez Rubalcaba.

Lo mejor, sin embargo, fue Zapatero. El secretario saliente. El presidente del naufragio. El tipo entrañable que después de cargarse la vajilla parece que no ha roto un plato. La peor herencia de Rodríguez Zapatero no es haber conseguido que el PSOE perdiera el gobierno, sino haber dejado el partido como un solar. La silenciosa labor de exterminio de barones socialistas, unos elevados a cargos de ringorrango sin contenido político, otros colocados lejos, en Bruselas o en prestigiosos órganos inocuos y bien pagados, dejó el paisaje de poder socialista como el desierto de Gobi. Y lo mejor, sin dejar pasar a nadie.

Pero en la política, como en el universo, el vacío es una falsa sensación. Realmente no existe. Los espacios se rellenan inmediatamente de materia. Y así ya empiezan a surgir nuevos referentes que probablemente serán la guardia con la que Rubalcaba comience el regreso del socialismo a la Moncloa. Es todo un poema que Rajoy estuviera haciendo un viaje al pasado, con el homenaje a Fraga, en Galicia, mientras los socialistas, profundamente divididos, discutían el futuro en Sevilla.

Escuchando a Zapatero releer sus graves errores del pasado reciente pensé que su último sacrificio al servicio de España, el primer paquete de medidas de recorte, hizo más digno su naufragio. Pero también se me ocurrió que a la gente se la refanfinfla. Cuando se gastó el superávit de la caja del Estado pagando cheques bebé, dando ayudas a mansalva y haciendo planes con obras perfectamente prescindibles, la gente le aplaudió con las orejas Y cuando el agua de las deudas nos llegaba al pescuezo y tomó la dolorosa y acertada decisión de recortar los gastos de una administración pública disparatada, el personal lo puso a parir en todos los idiomas. Es difícil entender al entrañable paisanaje de este país. No me extraña que el señor Zapatero se haya retirado con cara de alivio y aspecto de pensar: “Anda y que os den mucho por la popa. Y a los míos los primeros”. Lo que han pensado todos al marcharse, vaya.

Twitter@JLBethencourt