Me pagan por esto > Alfonso González Jerez

Pa’ lucirla en el ojal > Alfonso González Jerez

¿Hacia los seis millones de desempleados? ¿Y por qué no? Al parecer el Gobierno de Mariano Rajoy -y sus pitufos autonómicos – creen que hay margen. La afirmación del presidente Rajoy en la Cumbre Europea pillada por un micrófono impertinente (“me van a hacer una huelga general”) se asemeja más a un anhelo de ejemplaridad a la hora del supremo sacrificio que a un anuncio negativo. Por lo pronto, y después de la subida del IRPF, el Ministerio de Economía ha repartido de nuevo cartas en el supuesto saneamiento y reconfiguración del sistema financiero español, de manera que los bancos tendrán que aprovisionar unos 50.000 millones de euros y a correr para fusionarse, muchachos. Y eso significa, por supuesto, que el crédito a familias y empresas, que ya apenas goteaba, se verá congelado. Las entidades bancarias deben pagar el vencimiento de sus onerosas deudas correspondiente a 2012 y al tiempo conseguir pasta para aprovisionarse y el crédito, fatalmente, se contraerá más. A continuación de la subida de impuestos -y a expensas de una verdadera reforma tributaria que nadie sabe qué rostro ceñudo tendrá- y de los cimientos para el saneamiento del sistema financiero llegará la reforma del mercado laboral, que está tardando porque al maldito José Antonio Griñán le dio por convocar las elecciones autonómicas andaluzas a finales de marzo. Por el momento se prepara toda la coreografía verbal imprescindible. El Gobierno conservador, a buen seguro, ofrecerá generosamente otro plazo para que organizaciones empresariales y sindicatos se ponga definitivamente de acuerdo y se deshará – como hasta ahora- en circunloquios principistas y vaguedades de uso mostrenco.

Y sin duda la situación continuará degradándose en los próximos dos meses y se resaltarán en la prensa conservadora (¿hay otra?) que la reforma ya es desesperadamente urgente y se multiplicarán artículos como este de Juan Ramón Rallo, trompeteado en múltiples webs y blogs: Contra el paro, libre mercado. No se trata de bajar los salarios, no. No se defienden salarios más bajos, sino “salarios libres” que se adapten a la productividad de los distintos sectores de la economía. El señor Rallo apunta a los países bálticos, cuyo fantasmagórico milagro económico es una de las últimas Mecas que visitan y citan los (mal llamados) neoliberales españoles. Estonia, Letonia y Lituania han conseguido bajar el desempleo más de un 40% en el último año gracias a reformas laborales que han ligado salarios con productividad.

Por supuesto, el señor Rallo omite cualquier información sobre el contenido de las reformas legales y normativas que se encarga de lisonjear admirativamente y que incluyen una merma brutal de los derechos de los trabajadores en lo que se refiere a vacaciones, días de asueto, bajas por enfermedad, remuneración de horas extras o indemnizaciones por desempleo. Tampoco repara Rallo en que, inmediatamente después de decretarse la nueva legislación, el desempleo aumentó en las tres repúblicas y en algún caso llegó a escalar al 40%. Pero lo más irritante, porque evidencia la voluntad de tratar a los lectores como oligofrénicos, es comparar las pequeñas economías de los tres países bálticos con una economía como la española. Es el mismo juego pueril y estéril de los que defienden, desde otra trinchera ideológica, una salida de la crisis “a la islandesa”, sin reparar en la población, en el PIB, en la estructura económica y en el nivel de endeudamiento de Islandia frente a países como España, Italia o incluso Portugal. Por lo demás -y hecha la salvedad del sector público, que no es ciertamente una salvedad menor- los salarios en los distintos sectores económicos ya se reajustan automáticamente, y si no, que se le pregunte al afortunado encofrador que conserve el empleo cuánto ganaba en el año 2007 y cuánto gana en la actualidad. Despidos, reducción o congelación salarial, aumento de horas extras no devengadas, concesiones por debajo de la mesa de los convenios colectivos son hechos y comportamientos cada vez más generalizados en los dos últimos años en las pequeñas y medianas empresas españolas que han conseguido (por el momento) sobrevivir a la catástrofe.

Y no se avizora ningún contrapoder capaz de ofrecer una alternativa nítida a esta situación empantanada en el sufrimiento social, en la propaganda ideológica incesante, en la transformación de una vía para salvar el capitalismo financiero elevada a principio teológico. Hace unos días participé en un programa de televisión, 59 Segundos, con el eurodiputado y exministro de Justicia Juan Fernando López Aguilar. Desde un punto de vista intelectual su brillante posición argumental resultaba poco menos que intachable; lo lamentable, en cambio, era el contraste entre su discurso político-ideológico y el comportamiento fáctico del PSOE en el Gobierno en los últimos años. “Los gobiernos socialdemócratas debimos oponer en la UE una minoría de bloqueo para impedir la exaltación como dogma y única estrategia económica la austeridad presupuestaria y la eliminación del déficit público”, se lamentaba López Aguilar. En efecto, Pero no lo hicieron. Y la socialdemocracia ha sido casi barrida de los centros de poder político nacional a lo largo y ancho de la Unión Europea y se encuentra en franca minoría en la Eurocámara, en la que ni siquiera puede imponer una posición lo suficientemente dura y taxativa respecto a la deriva dictatorial y parafascista de las autoridades de Hungría. Los gobiernos y partidos socialdemócratas han cedido tanto que los ciudadanos, sencillamente, han sentenciado, quizás durante mucho tiempo, sobre su inutilidad ya no como instrumento de políticas reformistas, sino como parapeto para la conservación de derechos políticos, sociales y laborales duramente conseguidos en el pasado. El pacto sobre la gestión del capitalismo a través de políticas de redistribución de la renta se ha agotado: correspondía a un modelo de capitalismo industrial que prácticamente ha desaparecido.

Hoy, en Sevilla, el XXXVIII Congreso Federal del PSOE elegirá un nuevo secretario general, pero si no se toma en serio la situación dramática del partido, si todo consistirá en la disputa por el poder interno en la organización a sus residuos, si la nueva dirección no impulsa un proceso de refundación del PSOE que debería sustanciarse en un Congreso Extraordinario y en una nueva complicidad con sus homólogos europeos, tal y como ha expuesto Ramón Vargas Machuca, a la socialdemocracia española le espera un futuro de fragmentación, irrelevancia, desfallecimiento y consunción en la impotencia política y electoral.

Mientras tanto don Mariano Rajoy podrá buscar y conseguir, a un precio módico, un ramito de huelgas generales pa’ lucirla en el ojal durante las cumbres europeas, cortesía de Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo, las Violeteras.