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Papá Paul > Conrado Flores

El conocido músico Paul McCartney, que en junio cumplirá 70 años de edad, ha anunciado hace unos días que va a dejar de fumar marihuana por respeto a su hija pequeña, Beatrice, de ocho. “Ya he fumado más de lo necesario y, cuando tienes un hijo, tu sentido de la responsabilidad se desarrolla en algún momento”, ha añadido.

Pues después de casi tres cuartos de siglo dándole a los porros, a nuestro admirado Paul le ha entrado en algún momento del siglo XXI el sentido de la responsabilidad. No sé qué opinará de ello su hija mayor, Heather Louise -de 50 años de edad- pero sin duda la pequeña Beatrice recordará que fue ella quien “quitó de fumar” a su padre. Y luego dicen que los hijos mayores son los más mimados. No me quiero imaginar lo que tuvo que ser vivir en la casa de Sir McCartney allá por los 60, en plena juventud y apogeo creativo.

Lo primero que me vino a la cabeza tras leer la noticia es que el músico británico debe estar bastante bien de salud y lo segundo es que su hierba era buena. Si a estas alturas, su médico de cabecera no le había quitado ya los petardos es porque el ex beatle está como un roble, eso está claro. Y por si fuera poco, teniendo hijos a los 60 años, que para eso ya hay que ser muy rolling stone.

De cualquier modo, con la fortuna estimada de casi 500 millones de libras de su ilustre padre, la pequeña Beatrice no sabrá lo que son las apreturas ni la dificultad de llegar a fin de mes. No será fumadora pasiva, ni verá a hippies melenudos quedarse hasta las tantas de la madrugada en su casa cantando canciones por la paz. Además, no oirá hablar de la Primavera del amor ni conocerá a John Lennon, a George Harrison, ni a Michael Jackson. Lamentablemente, tampoco verá a su padre componer joyas como Yesterday o Let it be.

Y es que, como es lógico, lo mejor de Paul McCartney ya pasó. Y lo mejor es de aquella época en la que consumía LSD y fumaba porros. Eso sí, un padrazo.