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Promesas de empleo > Jorge Bethencourt

Los gobiernos no crean más empleo que el de las administraciones públicas, que se paga con el dinero de los contribuyentes. Desde aquellos ochocientos mil puestos de trabajo que prometió Felipe González -que con gracia andaluza se convirtieron después en ochocientos o mil- entre el equipaje de estupideces habituales que manejan los partidos políticos están las promesas de crear empleo.

Los colegiados no crean fútbol, pero pueden destruirlo. Si lo hacen mal, si aplican las reglas de forma caótica, injusta o excesiva, pueden convertir un partido en un colapso. Eso pasa con los gobiernos cuando abandonan su papel arbitral y se convierten en jugadores activos de un partido cuyo protagonismo corresponde a otros.

En España hablamos de crear puestos de trabajo a todas horas. Las terroríficas cifras del paro son un mantra que nos repetimos cada día. Y es un hecho indiscutible que los puestos de trabajo se crean en las empresas.

Y es otro hecho igual de indiscutible que sólo entre enero y febrero de este año se dieron de baja de la Seguridad Social 10.884 empresas (de entre uno y cinco trabajadores). En España cerramos el pasado año con 1.229.000 empresas, retrocediendo a cifras del año 2003. En el 94% pequeñas pymes y autónomos. En 2008 cayeron 200.000. En 2009 más de 242.000.

En Canarias cerramos 15.500 empresas en 2009. Y el año pasado más de 7.000, para quedarnos en unas 136.000 empresas. Así que, ¿de qué puñetas hablan cuando hablan de crear empleo? Y sobre todo: ¿dónde? O están realmente ciegos o viven en los mundos de Yupi. Trabajadores y empresarios soportan unas cargas fiscales estratosféricas que van desde el 35% al 40% del total de la nómina destinado a la Seguridad Social y del 18% al 43% a las retenciones del IRPF. Todo a mayor gloria de los que se supone que controlan el juego: el árbitro, los jueces de línea y las federaciones.

La crisis tiene muchas caras. Pero hasta ahora, las bofetadas han caído en el rostro de esos miles de trabajadores y pequeñas empresas que se han visto expulsados del terreno de juego. Nadie los rescató, como a los bancos. Nadie afronta la evidencia de que cada vez hay menos jugadores en el campo, pero que siguen los mismos árbitros hasta el punto de que un día nos vamos a encontrar con once colegiados controlando un escuálido partido entre dos o tres jugadores, mientras que el resto de los verdaderos protagonistas están en el banquillo. Y las gradas, como es obvio, vacías.

Twitter@JLBethencourt