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Promesas incumplidas > Francisco Pomares

Los tiralevitas del presidente Rivero hacen circular la leyenda de que este hombre no defrauda nunca, porque nunca promete nada a nadie. La verdad es que, por lo que yo sé, no es muy dado a garantizar nada a nadie, ni siquiera a su pequeña tropa de leales. Eso sí, se ha convertido en todo un experto a la hora de lograr que la gente interprete sus silencios como asentimientos y sus medias palabras como borradores de decretos en el Boletín Oficial. Me sé de algunos que habrían jurado sobre la Biblia y el presupuesto que Rivero les prometió el oro y casi el moro, y al final el oro fue chatarra y el moro se fue a Tan Tan. No hay de qué escandalizarse por esto de las promesas políticas incumplidas. No hay político que llegue donde está hoy Rivero sin haber engañado a muchos alguna vez y a alguno todo el tiempo. Lo que pasa es que a veces los engañados tienen muy poco sentido del humor y se ofenden mucho.

Un ejemplo: con el retroceso de Coalición frente al PP, el presidente del Partido Nacionalista, Juan Manuel García-Ramos, coligado de lujo desde los viejos tiempos, se quedó a las puertas del Parlamento, con gran dolor de su alma, porque los años van pasando y añora García-Ramos quiere volver a los tiempos felices en los que era protagonista de la vida regional.

Parece que Rivero se compadeció de él y le prometió que sería diputado regional en esta legislatura. Le explicó cómo había de ocurrir: José Miguel González entraría en la Audiencia de Cuentas en el primer relevo (tenía que haberse producido hace la tira) y García-Ramos pasaría a ocupar el escaño que el diputado pico de oro deja libre. Era un buen apaño, y probablemente se habría cumplido, pero resulta que la elección de las vacantes de la Audiencia aún no se ha producido y las cosas no van a salir como se esperaba. Coalición no va a poder asegurar una mayoría que le dé a José Miguel González la Presidencia, y así las cosas, González no parece tener el más mínimo interés en dejar su acta de diputado para ir a aburrirse ejerciendo de inquisidor fiscal a toro pasado, cuando ya da lo mismo. O sea, que García-Ramos lo tiene muy crudo para ser diputado, porque no hay plaza que sustituir.

Cuentan en el grupo parlamentario coalicionero que García-Ramos anda subiéndose por las paredes y se siente ninguneado, como un viceconsejero de Turismo cualquiera. Algunos se lo toman a guasa, pero yo no me reiría mucho. Y es que yo ya he visto antes a García-Ramos cabreado.