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Rasa Strankauskaite: “El vino es amistad, amor y cultura”

La sumiller Rasa Strankauskaite asegura que un buen vino es capaz de percibirse a través de los cinco sentidos.| JAVIER GANIVET

ÁNGELES RIOBO | Santa Cruz de Tenerife

Cuando una pequeña niña de Klaipeda, Lituana, veía llegar cada año a su tía desde Canarias sentía mucha curiosidad. Hoy, Rasa Strankauskaite, décadas después, aún recuerda cómo su tía venía radiante, morena y llena de felicidad. “Qué tendrán esas islas”, se preguntó y esperó hasta los 18 años para averiguarlo por sí misma. Vino de vacaciones y, desde entonces, no ha abandonado Canarias, tierra de la que dice estar profundamente enamorada.

El amor por las Islas y por un reputado chef, que la introdujo en el mundo de la gastronomía y con el que se casó, fueron los motivos que la retuvieron en Gran Canaria, en un principio, pero luego, el amor por los vinos de las Islas, su gran descubrimiento, la atrapó. Ya lleva 18 años en Canarias, los cinco últimos en Tenerife donde vive con su hijo. Los entendidos afirman que es una de las mejores sumilleres de las Islas. Procedente de un país llano, donde no se produce vino sino cerveza y en el que, según ella, sus habitantes “viven muy encorsetados”. Rasa está totalmente enamorada del paisaje, la gente y la cultura de las Islas.

Ella dice que su trabajo consiste en despertar los cinco sentidos a través del vino. Y vaya que si lo hace. Rasa, para describir el vino del que dice que es más que un líquido y define como el fuego de los dioses, o como un alimento para el alma; utiliza un lenguaje poético que le nace de manera natural desde sus entrañas, capaz de conquistar hasta a los astemios. En la actualidad es la sumiller de los Hoteles Escuela de Canarias (Hecansa), donde trasmite a sus alumnos su pasión por los vinos. Además, esta defensora de los vinos canarios combina esta labor con catas y maridajes tan arriesgados como sorprendentes como vino y cine, o vino y flamenco.

El próximo sábado la sumiller Rasa Strankauskaite ofrecerá la cata Besomancia en el aula de cocina del Iberostar Grand Hotel Mencey, donde combinará siete besos de diferente intensidad con siete vinos. Hay que ir con pareja, por supuesto.

La sumiller Rasa Strankauskaite durante la sesió fotográfica. | J.G.

-¿Qué hace una lituana en Tenerife? Supongo que el amor tuvo mucho que ver…

“Vine a Canarias hace muchos años. Mi tía vivía en Gran Canaria y estaba casada con un canario. Ella venía cada verano morena, carnosa y feliz, derrochando alegría, y me contaba que aquí se compartía la comida, me hablaba de las parrandas. Yo la veía y decía ¡ay mamá, yo también quiero! En nuestro país es todo muy rígido y encorsetado. Cuando acabé el bachillerato, con 18 años, le rogué a mis padres que me dejaran venir de vacaciones con ella. Luego no quise volver. Me quedé impresionada con la naturaleza, ver lo que es capaz de hacer la fuerza de los volcanes me sorprendió. Además, ese mismo verano me enamoré de un fanático de la cocina”.

-¿Cómo se hizo sumiller?

“Mi entonces marido y yo íbamos a restaurantes de todo el mundo a trabajar gratis varios meses para aprender. Luego empecé como un juego probando vino a ciegas con los clientes, pero una vez me atrapó el mundo del vino, ya no pude salir. Desde entonces desde que tenía un hueco libre me iba a visitar y a trabajar a bodegas de toda España. Estudié para ser sumiller en Las Palmas. Aprendí muchísimo, tanto de vinos como de mieles, de puros y de quesos”.

-¿De donde surgió su pasión?

“Creo que lo llevo en las venas. De pequeña viví unos años en Armenia, un país que tiene mucha viticultura. Yo veía aquellas viñas enormes que me parecían increíbles. Allí, la gente disfrutaba con el vino, se sentaban en torno a una buena mesa, compartían panes grandes, cordero, ensaladas y bebían vino llenos de felicidad. Con nueve años no me pude resistir, pequé y lo probé. Mi madre me regañó. Luego, cuando vine a Canarias, vi la misma forma de sentarse en torno al vino, pero con piñas, papas, queso… Por eso supe que no me movería de aquí”.

-¿Y por los vinos canarios?

“El vino canario es diferente, es singular. Son vinos volcánicos fruto de mucho sufrimiento. Son únicos porque son cepas del mar y del sol. Tienen un sabor amable pero, al mismo tiempo, un punto salado producido por la maresía. Todo el clima extraordinario y diferente de las Islas se plasma en el vino. Yo amo los vinos canarios. Si algún día me tuviera que ir de aquí los vinos canarios se quedarían conmigo para toda la vida. Lo tengo muy claro. También me apasionan los malvasías. Un buen malvasía con un puro de La Palma revoluciona los sentidos”.

-Pero… ¿están lo suficientemente reconocidos?

“Muchos aún tienen reparos y te dicen ay que me va a doler la cabeza porque esta muy sulfatado, pero ahora los vinos en Canarias han recorrido un largo camino de calidad. Las bodegas están impecables, se controlan las temperaturas, ya no huelen a azufre. Aquí hay vinos de excelente calidad”.

Strankauskaite es la sumiller de los Hoteles Escuela de Canarias (Hecansa), donde trasmite a sus alumnos su pasión por los vinos. | J.G.

-Suele ser poco habitual ver mujeres sumilleres.

“Hay pocas pero menos mal que se ha abierto el camino. Aquí en Canarias hay enólogas y sumilleres muy buenas. Ya cuando estudiaba en Las Palmas éramos unas cuantas alumnas. De todas formas, hoy por hoy, los mejores enólogos del mundo están siendo mujeres. No es que sea por feminismo, supongo que es porque las mujeres sienten de otra manera”.

-¿Por qué cree que es una de las más reconocidas de Canarias?

“Quizás porque sobre todo al principio, era muy atrevida. En mis primeras catas les quitaba a los asistentes los móviles y las corbatas. Otras veces les recomendaba el vino en función de su corbata o sus zapatos, utilizando la psicología. Es algo que me apasiona y que quiero compartir con el mundo. A algunos clientes muy empecinados con un vino determinado, he llegado a mentirles diciéndoles que no lo teníamos, solo para que se abriera a otras posibilidades. Quedan muy agradecidos con la elección”.

-¿Qué le dice a quienes por prejuicios con el alcohol se pierden descubrir un buen vino?

“Lo primero decirles que una copa de vino tiene innumerables beneficios a todos los niveles. Nada de borracheras ni de beberse la botella entera, porque el vino también es compartir, es salud, amor, mirarse a los ojos, pero sobre todo es cultura. Así que en Canarias tenemos cultura para dar y regalar”.

Rasa es maquillada por Daida Brito, make-up artis de diferentes publicaciones. | J.G.

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Daida Brito es make-up artis de diferentes publicaciones y anuncios publicitarios, actividad que combina con la de producer en La Créme Films, una productora de reciente implantación en Tenerife, creada por el realizador Aarón J. Melián y el fotógrafo Juanmi Márquez. Daida ha aplicado a Rasa un maquillaje natural destacando el verde de sus ojos con una sombra gris y un perfilado negro, que ha combinado con un rojo coral en los labios.

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Carolina Hernández, propietaria y diseñadora de la firma A Manita, ciñe a Rasa un cinturón estilo japonés. | J.G.

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Carolina Hernández es la propietaria y diseñadora de la firma A Manita. Para esta sesión con la sumiller ha seleccionado uno de sus artículos estrella, un cinturón estilo japonés que confecciona con telas traídas de sus viajes a países exóticos. Para Carolina esta pieza realza la sensualidad de cualquier mujer.

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