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Sin salvavidas > Óscar Herrera

No voy a caer en la tentación de criticar la aparición estelar ayer del presidente del Club Deportivo Tenerife, Miguel Concepción. Principalmente porque no todo es criticable y con el máximo mandatario del Tenerife parece que es el demonio hecho dirigente y todo es negativo. Y no es así, aunque casi.

Juega Concepción un partido difícil cada vez que sale al ruedo informativo. Es una lucha desigual, como un partido de tenis entre Nadal y el Pato Lucas, o un cara a cara entre Rajoy y Rubalcaba. Sabemos de antemano cuál va a ser el resultado final, quién va a ganar. Y no porque la prensa siempre gane, no; el partido de Concepción no es contra la prensa, es contra los hechos y los errores. Eso sí, no veo oportunismo en su comparecencia coincidente con tres triunfos seguidos, es pura casualidad. Se cumplen esta semana seis años de presencia en el cargo y tocaba hacer balance. Aunque como me apuntaba ayer mi compañero Máximo Martín, cada vez tienen menos sustancia las palabras de Concepción. Son como gotas de agua que se diluyen en la inmensidad del océano, o sea completamente intrascendentes.

Hay algo que me llamó la atención desde un punto de vista negativo: El hecho de “llorar” y lamentar la posible pérdida de ayudas y subvenciones públicas, de censurar con la boca pequeña los recortes del Gobierno de Canarias en materia de apoyo económico a la UD Las Palmas y al CD Tenerife. Aunque matizó Concepción que no estamos hablando de subvenciones, sino de un contrato de contraprestación publicitaria.

Sea como sea, ya está bien de seguir esperando que las administraciones saneen a los clubes y sociedades anónimas deportivas. Vino a decir el presidente que si el Tenerife no conseguía sus objetivos sería porque no podría hacer frente a una mayor inversión en la parcela deportiva debido a los recortes en las ayudas. Es decir, si no se consigue alcanzar las cotas marcadas, la culpa será del Gobierno que no da más perras. Dijo además que el Gobierno de Canarias debería ser sensible con las necesidades del Tenerife. ¡Lo que faltaba por escuchar! Con la que está cayendo aquí fuera y con la precariedad social y las necesidades básicas y urgentes que cubrir, sobra decir que el Tenerife, o Las Palmas o cualquier entidad privada, no debería ver ni un euro de las arcas públicas. Aunque eso cueste una travesía en el desierto larga y aunque haya quien no lo entienda. La mala gestión no debe ser cubierta con dinero público, ni antes ni ahora, pero mucho menos en los tiempos que corren.