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Teresa y Luis: “Aquí descubrimos el sol y la paz”

Teresa y Luis, felices ante la fachada del hotel Cleopatra Palace, durante la entrevista con este diario. | DA

VICENTE PÉREZ | Arona

Teresa Verdini y Luis Prieto son un matrimonio gallego que desde hace casi dos décadas viaja a Canarias para pasar al calor del Archipiélago los meses más fríos de su tierra. “Jubilados y jubilosos”, como ellos se definen, su fidelidad a Tenerife como destino vacacional les ha valido el reconocimiento del Centro de Iniciativas Turísticas(CIT) del Sur, que, junto a otros turistas europeos, les tributó un homenaje. Ambos, que llevan 30 años juntos, son oriundos de La Coruña y empedernidos viajeros por todo el mundo. Reciben a DIARIO DE AVISOS en el hotel Cleopatra Palace, de Arona, donde desde hace siete años se alojan durante tres meses.

A sus 69 años, Teresa evoca su primera visita al Archipiélago, en 1966, con un grupo de amigas. “Estuvimos ocho días en Gran Canaria y ocho en Tenerife; el turismo estaba entonces empezando aquí; y la gente en España no viajaba mucho, así que venir aquí parecía que era irse a América, como Colón, porque Canarias se veía como algo muy lejano”, recuerda esta gallega, supervisora de Telefónica jubilada, que por motivos laborales luego viviría en Gran Canaria en los años 70.

Con 88 años muy bien llevados, Luis, ATS, vino por primera vez a las Islas hace 32, y, ya con su actual esposa, lleva 18 visitando Canarias, los últimos diez alojándose en Tenerife.

El mar y el Teide

Lo primero que me impresionó de esta Isla fue poder bañarme en pleno febrero en el Lago Martiánez con el Teide nevado, una época en que había pocos hoteles en Puerto de la Cruz, todos llenos de turistas nórdicos y alemanes”, recuerda Teresa, 56 años después, sentada junto a su marido frente a la playa de El Camisón, en Los Cristianos, donde se bañan todos los días y por cuyo paseo marítimo disfrutan viendo el sol perderse tras la silueta de La Gomera.

En Tenerife buscan sobre todo “sol, paz, tranquilidad, seguridad y relajación”, porque el resto del año suelen viajar a lugares más lejanos. Confiesan que aún les quedan por ver muchos rincones de la Isla, y de hecho, quieren visitar el casco histórico de La Laguna, sobre todo tras la concesión del título de Patrimonio de la Humanidad, y Masca, una asignatura pendiente que esperan saldar este año. De la gastronomía gustan del cherne, las papas arrugadas y el mojo picón, que a veces preparan en su casa coruñesa. Y de los canarios, destacan su amabilidad, que “no es un tópico, es la realidad”.

En el hall del hotel, junto a su amable directora de Relaciones Públicas, Annelis, y en uno de esos días de sol y calor que tanto desean en Galicia, a Teresa y a Luis se les encienden los ojos como a veteranos marinos cuando cuentan los lugares que han conocido, prácticamente toda Europa, desde Cádiz a Rusia, Iberoamérica de México a Argentina, y parte de Asia y norte de África, con un crucero inolvidable por El Nilo. “Viajar es la mejor inversión que hemos podido hacer”, apostilla Teresa, y su marido asiente, para añadir: “Es un enriquecimiento para el espíritu”.

No tienen descendientes en común, pero Luis sí: cinco hijos, nueve nietos y dos biznietos, de un anterior matrimonio. A este coruñés, con vocación de médico pero que, por circunstancias familiares, abandonó Medicina con los dos primeros cursos acabados, le bullen en la memoria muchas anécdotas de sus viajes, como cuando en una excursión por Brasil detuvo al ladrón que le había robado la cartera.

Ambos agradecen el homenaje que les tributó el CIT y continuarán unos días más en Tenerife, donde confiesan sentirse “como en casa”. Luego retornarán a La Coruña, con la ilusión de que, cuando a su tierra vuelva el frío, retornar al fiel sol de Arona.