a babor >

Toca aflojar > Francisco Pomares

El vicepresidente del Gobierno, José Miguel Pérez, es profesor de historia. Quizá por eso tiró de Franco para comparar la resistencia de las administraciones canarias a las imposiciones del Estado en el REF de 1973, y cómo finalmente se aprobó un texto respaldado masivamente por las instancias del Archipiélago, y que venía a recoger una parte muy importante de las especificidades económicas y comerciales que permitieron a las Islas superar algunos de sus periodos más duros.

El recuerdo a Franco y su voluntad unificadora a machamartillo es hábil: el PP está actuando como si solo hubiera un poder en el país, y su intención fuera la de derrotar a las instituciones canarias y hacerles morder el polvo. Uno puede entender el deseo de Soria y sus colegas más fieros por ningunear el papel institucional de un Gobierno en el que el PP no participa, pero siempre es conveniente modular esos deseos y bajar el ritmo y la presión. Desde que el PP llegó al Gobierno, no ha habido una sola ocasión de interés común entre Canarias y Madrid en la que desde el PP -curiosamente más desde la pata canaria del PP, la que controla Soria como presidente o en la que manda como ministro- no se haya aprovechado para apretarle las clavijas al Gobierno regional. Es una guerra declarada por tierra, mar y aire, en la que se usa todo: subvenciones que no se conceden, bonificaciones que se discuten, financiación que se retira, desprecio y plantones en la puerta de los despachos oficiales, ninguneo sistemático del rol de Canarias en asuntos de interés local -el petróleo, el REF- y un lenguaje brutal e inadecuado en sede parlamentaria, calificando al Ejecutivo canario como “Gobierno de segunda” y a su presidente como “mediocre”.

Está claro que Soria y los suyos quieren demostrar a la sociedad canaria que ahora las cosas las mueven ellos y no este “Gobierno de perdedores”, por otro lado tan parecido al Gobierno del que Soria fue vicepresidente, después de que López Aguilar ganara las elecciones de 2007. Es legítimo que el PP reclame su cuota de influencia en Canarias: sin duda la tiene, el PP es la primera fuerza política del Archipiélago, la más numerosa en el Parlamento, y han ganado las elecciones generales por goleada en toda Canarias. Pero violentar sistemáticamente las reglas del juego es muy peligroso. Más en una región como la nuestra, que es un polvorín de decepciones y rencores. y en la que el nacionalismo jugó con éxito la carta radical hace tan solo tres décadas.