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Tolerar la frustración > Enrique Areilza Molet

Todos conocemos que la felicidad y el orgullo se obtienen durante el camino hacia el objetivo, la persecución de éste, las dificultades salvadas. Más, mucho más durante el esfuerzo que en el momento de alcanzar el fin. Si está de acuerdo con esto, ¿por qué razón evitamos retarnos con objetivos difíciles y nos contentamos con la mediocridad?

Dos razones fundamentales: en primer lugar, olvidamos lo increíblemente motivantes que son los grandes retos; en segundo lugar, más frecuente e importante, el miedo al fracaso.

O dicho de otra forma, el miedo a la frustración resultante.

Para colmo y como asunto colateral, tenemos miedo al vecino, que posiblemente se alegrará de nuestro fracaso, consecuencia mezquina de su propia incapacidad y del pecado capital por excelencia, la envidia.

Los tropiezos en el camino pueden interpretarse de dos formas opuestas: “Nunca lo conseguiré” versus “un golpe menos para llegar al objetivo”.

La segunda es evidentemente la opción correcta. Muy aconsejable en esa área el libro de súper López (José Ignacio López Arriortua) Tú puedes.

La tolerancia a la frustración es una competencia fundamental para perseguir objetivos importantes. Hoy es incluso crítica para avanzar en el día a día de esta época hostil.

Pero fíjense qué paradoja. Los jóvenes de hoy, cuya vida ha transcurrido en época de bonanza, han desarrollado una bajísima tolerancia a la frustración consecuencia de una inadecuada educación familiar y educativa junto a una excesiva tolerancia del entorno. Triple trabajo, construir nuevos retos inalcanzables y súper motivantes, conseguir emocionar a los trabajadores y/o alumnos y mejorar la tolerancia a la frustración.

En la dirección de personas, como en la tutela de nuestros hijos o alumnos, tenemos dos opciones: animar a lo difícil apoyando en el tropiezo o aspirar a la media castigando el tropiezo. Con la primera creces, con la segunda decreces.

Pero no lo olvide: si elige la primera, la que es la buena, tiene que apoyar en el tropiezo, siempre y sin fisuras.

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